Magistral juego de tiquitaca o aburrido sistema de largas posesiones. En función del resultado de España, los titulares de la prensa “nacional” escoran manifiestamente hacia un lado u otro. Es muy difícil tener el temple y el pulso de Del Bosque para mantener un rumbo fijo a pesar de tanta inclemencia climática. Pero el seleccionador tiene exactamente el carácter necesario para no dejarse llevar, y eso es lo que necesita el juego de la selección: constancia y perseverancia.

El carácter español es tremendamente cambiante. Oscila entre la volátil euforia y la oscura depresión bajo el efecto de un leve soplido. Por eso es tan importante no dejarse hundir por el pesimismo después del partido contra Italia o contra Croacia como no dejarse arrastrar por la exaltación después de eliminar con tanta autoridad a Francia.

Fue un partido histórico porque España no había ganado nunca a Francia en partido oficial y porque el equipo de Ribéry apenas logró acercarse al marco de Casillas. Pero el juego de la roja no distó tanto del desplegado días atrás frente a Croacia, que motivó una oleada de críticas contra el estilo “tiquitaca”.

Es muy fácil apuntarse siempre al carro vencedor, y en esto del fútbol hay mucho ventajista con una gran habilidad para subirse a un tren en marcha. El titular del Marca era hoy muy elocuente: “España logra la victoria con una gran demostración de tiquitaca”. No ha sido este periódico precisamente el mayor defensor del sistema Guardiola. Pero cualquiera lo critica después de dejar a la temible Francia en la cuneta.

Nadie cuestionará ahora la táctica de Del Bosque antes de Portugal, pero no hay duda de que si por un casual los de Cristiano Ronaldo logran el pase a la final oiremos hablar de nuevo del falso nueve y del fútbol de toque. Y así en una espiral sin fin que acabará seguramente por desgastar el ciclo virtuoso de la roja. Así es el país y así seguirá siendo de momento, por lo que parece.

Y hablando del país: después del partido fue trending topic el hashtag #lamierdadefrancia. Hay veces que uno se iría al exilio y no volvería ni a por jamón.

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