Alfonso ha sentido una gran decepción al enterarse de que Pep Guardiola ha mostrado su apoyo a la manifestación independentista del martes en Barcelona. El ex madridista, ex bético y ex azulgrana se pregunta, cual amante despechado, si alguna vez Guardiola se alegró de las victorias de la selección. Como la señora que descubre, de pronto, que su marido la engañaba con otra: ¿habrá disfrutado alguna vez conmigo en la cama, o siempre lo fingía?

La consecuencia lógica a los temores de Alfonso, recogidos ávidamente por toda la prensa deportiva madrileña, será que sometan al polígrafo a Xavi, Piqué, Busquets y Valdés para descubrir si, cuando celebran los goles de la selección, en realidad les carcome por dentro el odio y el resentimiento antiespañol.

¿Y qué ocurre con todos los catalanes que durante los últimos años han seguido la selección española y se han alegrado de los éxitos de la roja porque eran los éxitos de buena parte de la línea medular del Barça? ¡Qué falta de sinceridad! ¿Ahora resulta que también serían capaces de alegrarse si los éxitos fuesen de una selección catalana…? ¡Qué desfachatez!

De verdad, Alfonso, vaya manera de mezclar churras con merinas. Pep hace años que apoya las selecciones nacionales catalanas, que es una demanda muy mayoritaria en Catalunya. Mientras la participación de esas selecciones en competiciones oficiales ha sido sistemáticamente bloqueada por el gobierno y las federaciones españolas, nos hemos tenido que conformar con lo que había. Si algún día tenemos la nuestra, lógicamente, apoyaremos a los nuestros.  Mientras hemos sido españoles, lo hemos aceptado. Si dejamos de serlo algún día, vosotros tendréis que aceptarlo. Así de fácil. Así de civilizado.

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