No había nada más patético después de la derrota del Real Madrid frente al Sevilla que ver a los defensores a ultranza de Mourinho intentando justificar sus palabras en la rueda de prensa posterior al partido. Hasta los madridistas más recalcitrantes se echaban las manos a la cabeza.

Descargar la responsabilidad del mal resultado en la plantilla es una reacción propia de un entrenador de lo más mediocre. Y afirmar sin temblor de voz que “no tiene equipo”, contando con una plantilla multimillonaria, es un insulto a todos los socios que pagan religiosamente su cuota contra viento, marea, y crisis económicas sistémicas.

No voy a ser yo quien defienda lo que un entrenador del Real Madrid debería tener en cuenta cuando abre su boquita. No creo que sea la persona más adecuada para recordar la historia de este club, la vergüenza torera que debería exhibir cualquier ocupante del banquillo blanco. El baremo que empleo es lo que no me gustaría que dijese nunca el entrenador de mi equipo.

Y Mourinho será el Special One, el Only One, y lo que ustedes quieran. Pero si fuese el entrenador de mi equipo, yo le diría: tenga usted mucho cuidado con lo que dice, porque cuando los resultados no acompañen se largará usted al club inglés que le haga la mejor oferta, pero el vestuario que usted ha configurado permanecerá, y con él tendremos que salir del atolladero.

Todos sabíamos que la trayectoria de Mourinho en el Madrid tenía muchos números para entrar en fases tormentosas. Pero lo que no esperábamos es que supuestos madridistas de hondo raigambre saliesen en defensa del causante de todos sus males. O bien no se dan cuenta de que tienen al mismísimo Gargamel metido en el poblado de los pitufos, o es que no les da la gana de admitir tan flagrante error.

En cualquier caso, que nada cambie en Chamartín para que todo siga bien. Cuando el enemigo se equivoca, no hay que distraerle.

En twiter: @carlestorras

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