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La telebasura se justifica, desde algunas cadenas, con un argumento básico: “Damos lo que la gente pide”. La traslación al fútbol, para algunos, es evidente: “Lo que quiere el aficionado es ganar”. Y por ese agujero cabe de todo.

Mourinho aterrizó en Madrid poniéndose el listón muy alto. Él mismo apuntó que le faltaba la Liga BBVA en su colección de ligas europeas, y que tenía el antojo de ser el primer entrenador capaz de ganar la Champions con tres equipos diferentes.

Pero la realidad aguardaba detrás de la primera esquina, y le asestó un doloroso mazazo: la derrota por 5 a 0 en el Camp Nou le sugirió al portugués que tal vez no le bastaría con su sabiduría futbolística para arrebatarle el trono al Barça.

No tardó mucho Mou en poner en práctica un plan maquiavélico: acosar a Guardiola e imputar al Barça mil y una villanías, mientras Florentino, en perfecta connivencia, hacía lo propio a través de su Central Lechera mediática.

El madridismo, que nunca ha acabado de ver a Florentino como el mesías que fue en su primera etapa presidencial, se aferraba a Mourinhocomo la única tabla de salvación ante el vendaval azulgrana.

La fe blanca tuvo sus frutos, pero el santo grial de la décima se esfumó en el hiperespacio junto con el balón disparado por Sergio Ramos. Sin la coartada del triunfo y del cambio de ciclo, el tahúr de Setúbal pierde adeptos a puñados.

Porque como ocurre con la telebasura, cuando la audiencia no acompaña, lo que antes era un mal necesario en busca de buenos resultados se convierte en una sucia artimaña desprovista de sentido. Sin el valor de la victoria a toda costa, ¡oh! sorpresa, queda el más estricto vacío.

Veremos qué carta se saca ahora Florentino, porque ya se ha comprobado que la de Mouera la última de la baraja. Ya más bajo no se puede caer .

En twitter: @carlestorras

Publicado en El Mundo Deportivo (12/01/13)

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