Archivos para el mes de: marzo, 2013

“Metemos riñones, señores, ¡y vamos a llevarla como ella se merece!”. La consigna la lanza al cielo de Málaga uno de los 240 esforzados hombres que llevan a sus hombros el trono de María Santísima de la Amargura Coronada enfocando la calle Mármoles, el tramo final de su recorrido, en la madrugá del Jueves Santo. Las piernas pesan, el hombro escuece y los pies ya ni existen bajo la presión de más de cuatro toneladas de peso.

Lo que sí resiste y crece a cada paso es la coordinación solidaria entre el nutrido grupo de hombres que hará posible, un año más, que La Zamarrilla regrese a su cofradía después de recorrer toda la ciudad, aclamada con emoción por sus conciudadanos.

Después del encierro de la Virgen y del Cristo de los Milagros, a las seis de la madrugada, algunos de los porteadores reponen fuerzas -y líquidos- en el bar El Cofrade, del popular barrio de la Trinidad. El tema, entre cańas de cerveza y bocadillos de manteca colorá, no puede ser otro que el fútbol: “al Málaga le gusta jugar el balón. El día que ganamos al Madrid ni la vieron. Pellegrini nos ha dado victorias. Pero por encima de todo, el tipo de juego que nos hace disfrutar”. Un discurso que reconozco al instante y que me hace pensar que el gusto por el deporte regido por el talento artístico, el esfuerzo creativo y la coordinación solidaria anida en la condición humana, y solo requiere de un reactivo adecuado para poder germinar.

Pellegrini fue el reactivo para el Málaga, Guardiola y Tito para el Barça. Ellos han sabido conjuntar un equipo humano y darles no únicamente una finalidad funcional. No solamente los han adoctrinado con una serie de técnicas y tácticas para llevar el balón al fondo de la portería contraria. Pellegrini, Guardiola y Tito saben dotar al conjunto de un alma colectiva, una especie de ente superior que mejora la suma de las partes, y que a la vez conecta con lo más hondo de la afición. Vencen y convencen. Y de paso conmueven.

Creo que lo que mueve las cuatro toneladas del trono de María Santísima de la Amargura no es la suma de la fuerza de sus 240 porteadores. Cuando los hombres deciden asociarse para un fin, el milagro no es sumar las individualidades. Es comprobar que existe una transfusión de energía de la parte al todo y del todo a la parte capaz de remover y aunar conciencias. Ocurre entre los hombres del trono y en los equipos de fútbol. Al final, como decía el cofrade zamarrillero, se trata de meter riñones y de llevar adelante un proyecto común “como se merece”, no de cualquier manera.

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Tanto nos enseñaron a Iker Casillas las cámaras de Telecinco durante el partido contra Francia que esperábamos que su regreso a la titularidad sería por aclamación, como la entrada de Jesucristo a Jerusalem encima de una borrica. Pero no: en el Madrid se han saltado los ramos y han ido directamente a la crucifixión, con un portero mortificado bajo la pétrea mirada del gobernador Mourinho.

Resulta que han decidido no alinearle en Zaragoza “porque tiene el alta médica pero no competitiva“. Qué suerte ha tenido el portugués con la lesión tan oportuna del díscolo portero y también con el buen rendimiento que le ha dado Diego López. Una carambola con la que se quita de en medio a su principal contrapeso en el equipo.

Pero Telecinco parece que decidió hacer campaña por el guardameta blanco. La cámara fija para Iker, desde luego, no fue una decisión tomada con criterios deportivos. Quizás me lo pareció a mi, pero la reciente polémica por la faltada de Mourinho a Del Bosque condicionó todavía más de lo habitual a los locutores en sus comentarios acerca de la influencia del juego de Barça y Madrid en el combinado nacional.

Cómo pueden interpretarse si no algunos comentarios pescados al vuelo durante la transmisión, como los incesantes elogios a Xabi Alonso (“el GPS de la selección”), ante la parada magistral de Valdés al final del partido (“se la encontró”), la reducción de Iniesta a “trilero de la roja” o la calificación de Sergio Ramos como “el central de la selección”.

Me gustaría saber -y el deseo no pasará nunca de este estadio – si existe en algunas cadenas la consigna de realzar el papel de los madridistas de la selección o de ni siquiera nombrar al Barça en estos partidos en los que a la camiseta roja sólo le falta un brochazo azul para ser la del Barça.

Eso sí: desde hace unos años, no oigo a ningún madridista defender el juego directo, de casta, patadón y testosterona de la roja ochentera y noventera.

Dice Piqué que no entiende a los catalanes que desean que pierda la selección. Si, es difícil desearle mal a un equipo repleto de blaugranas y a un seleccionador programado para no caer mal. Pero para empatizar con todo lo que rodea a la roja hace falta, primero, ponerse una pinza en la nariz.

Mou no quiere bonzos

Como Mou anuncie que se va a final de temporada, no descarten ver a algún conocido periodista de la capital quemarse a lo bonzo sobre el césped del Bernabeu. Las muestras de apoyo incondicional, casi sectario, que recibe el portugués ahora parece que le incomodan. ¿Será porque tiene pensado irse? Pues hace bien poco lo que pedía el portugués era la adhesión incondicional de la hinchada blanca… Al final acabará volviendo locos a sus propios seguidores.

En twitter: carlestorras@telefonica.net

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Entre las técnicas de raterismo callejero destaca la de provocar confusión antes de dar un golpe. En determinadas circunstancias, cuanto más desconcierto se provoque, menos estorbos encontrará el maleante a su paso.

No sabemos en qué tipo de escuela se crió Mourinho, pero parece que esta máxima la aprendió a pies juntillas. Hay que reconocerle incluso que la aplica con gran maestría. Maneja los tiempos como nadie, y sabe a qué botón hay que dar para organizar un buen revuelo en un pispás.

Por algún motivo que nunca lograremos esclarecer, él piensa que cada vez que se acercan compromisos importantes –y esta Champions será a vida o muerte– debe descorchar un par de botes de humo para enturbiar convenientemente la atmósfera.

Hasta ahora habían sido Guardiola y el Barça sus objetivos favoritos. Como lo de chinchar debe crear adicción y necesita una dosis más alta, ahora ya dispara por elevación y se ceba en la FIFA y en el seleccionador nacional.

Atacar a Del Bosque es como patear a Bambi. Es, cuando menos, de difícil justificación. Pero allá que va Mourinho, denunciando un presunto fraude en la votación para el mejor entrenador. Un premio que el portugués debe considerar que le corresponde mucho más que al vencedor del último Mundial.

Las opiniones son libres, claro. Como lo son los madridistas que, a través de twitter, me hacen saber que dejaron de confiar en Del Bosque justo cuando los barcelonistas empezamos a hablar bien de él. Lo siento por ellos, porque con esta profunda amargura vital no habrán disfrutado de la única etapa victoriosa de la selección española en toda su lóbrega historia.

¿Hay que entender que un sector del madridismo le ha vuelto la espalda a un seleccionador español de honda raigambre merengue por haber aplicado el estilo Barça?

Me encanta que luego nos llamen sectarios a los barcelonistas. Todavía nos queda mucho por aprender del señorío y de la ecuanimidad del madridismo mourinhista. Que, digan lo que digan, es cada vez más minoritario.

Calderón se revuelve

Uno de los muertos que dejó Florentino Pérez en la cuneta en su segunda conquista de la presidencia del Real Madrid fue Ramón Calderón. Al ex presidente blanco le tocó sufrir en su propia carne los métodos expeditivos del magnate empresarial para recuperar el poder. Calderón ha dicho textualmente: “Florentino es el culpable de permitir las acciones de Mourinho. Se comportó mal en el Inter, en el Chelsea… y en el Madrid no iba a ser diferente”. Y no lo dice un culé, precisamente.

En twitter: @carlestorras

Publicado en El Mundo Deportivo (23-03-12)

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El debate sobre la conveniencia de rebuscar en la memoria histórica me parece absurdo, pero mucho más si se aplica al fútbol. El tabú del franquismo es una anomalía socio-política sin parangón en el mundo civilizado. Ni en Alemania provoca tantos sarpullidos hacer referencia al nazismo. En este país, decir que Franco era un dictador golpista y asesinó a muchos, sin ser exactamente franquistas, todavía les resulta incómodo al oído.

Dejémonos de una vez de eufemismos históricos, que cuando hablamos de las dictaduras argentina, chilena o cubana bien que no nos duelen prendas en usar términos categóricos.

Y el mismo principio habrá que aplicarlo a las interconexiones entre Real Madrid y administración franquista. No puede ser que intentar matizar la gloria blanca signifique condenarse al fuego eterno de la historia por blasfemo, resentido y revanchista.

En cualquier sociedad democrática sana hay que poder levantar alfombras y abrir ventanas sin temor a la dentellada jurásica. Que de una vez por todas circule el aire de la información y resplandezca el sol de la transparencia.

¿Por qué algunos estamentos deportivos todavía siguen blindando sus archivos? ¿Por qué se han investigado tan poco las conexiones políticas entre los estamentos federativos, el Real Madrid y la administración franquista? ¿Por qué cualquier intento en este sentido es percibido como una afrenta capaz de reavivar el fuego de la contienda civil?

Haber escrito un libro sobre la historia oculta del Real Madrid me ha enseñado, entre otras cosas, que importantes capas sociales en este país siguen rehuyendo un debate profundo sobre su propio pasado y rechazando enfrentarse con algunos interrogantes capitales.

¿El problema lo tenemos quienes lanzamos ciertas preguntas o los que nos niegan incluso el derecho a formularlas?

Este muerto está muy vivo

El aficionado merengue se quedó con la mandíbula floja el martes por la noche. Ya estaban preparados los cortejos fúnebres para enterrar al mejor club de la historia con todos los honores, cuando vieron ante sus ojos resucitar a sus peores fantasmas. Era enternecedor escucharles balbucear que el Barça había tenido suerte en el contraataque de Niang y que en el segundo gol Messi estaba 32 centímetros fuera de juego. ¡Cuánta plañidera para tan poco entierro!

En twitter: @carlestorras

Publicado en El Mundo Deportivo (16-03-2013)

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Quien no ha sido capaz de gestionar sus derrotas difícilmente lo hará con sus victorias. Es mucho más exigente la contención verbal y el respeto al rival cuando uno gana que algo tan habitual para un deportista como saber sobreponerse al amargo sabor de la derrota. Perder es algo intrínseco a la práctica deportiva. Ganar es una excepción, y por lo tanto exige más altura de miras.

Es normal la oleada de euforia que arrastra al madridismo estos días. Por las calles de la capital hay personas que caminan sin tocar el suelo y semblantes extasiados que darían envidia a la mismísima Santa Teresa de Jesús. Hay que comprenderlo: vienen de pasar por el túnel más largo y oscuro de la historia del club desde las apolilladas victorias de la quinta de Di Stéfano.

Y curiosamente no ha sido una travesía del desierto por sus pobres resultados. Al contrario. El Real Madrid ha tenido uno de sus equipos más competitivos de las últimas décadas. Pero como la mala del cuento de Blancanieves, cada vez que le preguntaba al espejo quien era la más guapa del reino se llevaba un disgustazo tremendo.

El Madrid ha sido como un niño mimado cuando le nace un hermano pequeño. No es que se haya quedado sin trono. Más bien se ha precipitado desde él al vacío, y no ha tocado fondo hasta que -aparentemente- ha encontrado la fórmula para desactivar el lenguaje Barça.

Imagínense que en los últimos tiempos las secciones de deportes de Televisión Española, Antena 3, Telecinco e incluso -sí, sí, créanme- ¡La Sexta! han llegado a abrir alguna vez con noticias del Barça. Algo impensable hace cinco años, y seguramente incomprensible a los ojos del etnocentrismo autista del madridismo.

El Madrid toma aliento después de llevar durante años el ceñido traje de segundón. Demasiado tiempo para un club y una afición cuya ¿única? razón de existir es la victoria.

Y que no nos hagan comulgar con ruedas de molino: que nos hayan ganado algún partido últimamente no significa que hayan borrado de un plumazo el trabajo de una generación de futbolistas que han escrito -y pueden seguir escribiendo- un capítulo entero de la historia del fútbol.

Que desparramen su triunfalismo mientras puedan. Cuanta más euforia exhiban, más pondrán de manifiesto el peso histórico que ha tenido y tiene la revolución blaugrana.

¿Ahora se queda?

Igual les parezco demasiado puntilloso, pero… ¿es normal que la prensa madridista publique día tras día informaciones contradictorias sobre el futuro de Mourinho en función del último resultado del equipo? Me atrevería a decir que la sensación de “ya sabemos ganar al Barça” pesará más que la Décima en el ánimo de los madridistas cuando se manifiesten a favor o en contra de la continuidad de Mou. Una prueba más de su gregarismo con respecto al Barça.

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Después del Real Madrid-Barça de ayer fui a la tertulia de Hat Trick Barça, en TV3, invitado por Bernat Soler, uno de los escasos periodistas deportivos que en un día complicado son capaces de salir ante las cámaras con solvencia y, a la vez, capacidad para sonreír. ¡Que tampoco se acaba el mundo, caramba!

Uno de los ejes del debate fue la inevitable preguntita sobre si asistimos a un fin de ciclo en Can Barça. Del intercambio de argumentos surgido, me quedé con algunas conclusiones. Y otras las he ido reflexionando a posteriori.

1- El Barça sufre algo más que una crisis pasajera. Nos hallamos frente a una crisis de sistema, que vuelve al equipo vulnerable a ciertos esquemas de juego desarrollados por equipos altamente competitivos.

2- Alguien tiene que reinventar el sistema y liderar al equipo hacia un esquema que incorpore mejoras no cosméticas, sino estructurales.

3- Ese alguien no puede ser ahora mismo Tito, por enfermedad, ni mucho menos Jordi Roura, por falta de liderazgo.

4- El mandato de Messi en el equipo ha llegado a esclerotizar. No existen alternativas solventes de ataque cuando el astro argentino desaparece. El nuevo esquema de juego no puede depender de los deseos de Messi, sino de las necesidades del equipo.

5- Hay que buscar una alternativa a Tito más sólida hasta que este vuelva al banquillo o decida qué hacer con su futuro inmediato. Alguien que esté dentro del club o en su órbita y cuya voz sea escuchada y respetada por los jugadores. ¿Charly Rexach?

6- En estos nueve días que quedan hasta el partido frente al Milan, el equipo tiene que hacer un serio esfuerzo para resetearse anímicamente y buscar alternativas efectivas en defensa y ataque. Trabajar, trabajar y trabajar.

7- Independientemente de lo que ocurra el martes 12, hay que replantearse la temporada que viene como el año cero de una nueva era. Hasta hace diez días hemos vivido del Barça de Guardiola, y ahora toca alumbrar un nuevo modelo.

8- Desterremos de una vez por todas la expresión “este equipo tiene crédito”. Un equipo es como una empresa: lo que cuentan son los resultados del ejercicio actual y no los de años pasados.

9- El Barça está por encima de personas pero también de sistemas de juego. Sí, nos gusta el tiqui-taca, pero no podemos dar tantas pistas al rival. Ya todo el mundo sabe cómo jugamos, y en el deporte eso es un handicap casi insuperable. Hay que volverse imprevisibles.

10- No hay que tener miedo al cambio y al recambio. Ahora mismo es lo que necesitamos con más urgencia.

La buena noticia es que el Barça ya hizo algo muy parecido a lo que hay que acometer ahora al final de la etapa de Rijkaard. La mala noticia es que entonces Messi todavía no había dado lo mejor de si mismo, y ahora hay que preguntarse también cómo gestionar su futuro.

Compaginemos nuestro corazón blaugrana con una respuesta cerebral y realista a los problemas. Visca el Barça del futur!

En twitter: @carlestorras

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Cuando una pregunta incomoda es que toca de lleno algún resorte que, por alguna razón, nos resulta sensible. Yo soy siempre partidario de formularme las preguntas más incómodas, y reflexionar sobre por qué lo son. Es la mejor manera de adelantarse a las crisis y de garantizarse un progreso sostenido.

La pregunta hoy por hoy más incómoda para un barcelonista -y, mucho más, para un barcelonista que vive en Madrid- es si asistimos finalmente a los primeros indicios de un cambio de ciclo. Después de las derrotas frente al Milan y el Madrid, e independientemente de lo que ocurra el día 12 en el partido de vuelta de los octavos de la Champions, mi conclusión es que sí. Que nos hallamos frente a los primeros síntomas del final de una era.

¿En qué me baso? No en los resultados obtenidos ni en las dificultades halladas a estas alturas de la competición, que no son una novedad. Me baso más bien en la falta de nervio exhibida por el equipo y en la escasa resiliencia que han demostrado ante la adversidad. Falta de confianza, falta de cohesión y evidente fatiga mental y anímica. Esto no dará mucho más de sí. Aunque, insisto, ante el Milan estos jugadores puedan protagonizar la gran machada dentro de 10 días.

¿Hay que resignarse ante este panorama y aprestarse a ver cómo las legiones blancas nos pisotean a su turno? En absoluto. El Barça está a tiempo de reaccionar y de gestionar con cabeza un final de ciclo, como lo hizo ya Laporta cuando Rijkaard cerró su etapa. Ni el equipo ni la institución se descompusieron. Guardiola tomó el relevo de un modelo ya en decadencia y supo regenerarlo, reinventarlo y mejorarlo.

Ha llegado la hora de hacer lo mismo. Hay que afrontar sin miedo la incómoda situación creada ante la enfermedad de Tito. Valorar ya mismo si puede seguir o si es mejor para el club -y para él mismo- que ceda el puesto a alguien con nuevas ideas y nueva energía. Ha sido una gran contrariedad su enfermedad, pero siempre nos llenamos la boca con lo de “la institución está por encima de las personas”, y ahora es el momento de ponerlo en práctica.

El Barça ha cambiado. Ha superado sus fantasmas históricos. Las nuevas generaciones de culés ya nada saben de nuestros miedos, resentimientos y frustraciones. Hay que reaccionar como lo que somos, un club grande acostumbrado a ganar y que quiere seguir en esta senda. A las maduras y, sobre todo, a las verdes.

El nuevo Mou

Cuando los resultados se ponen a su favor, Mourinho se transforma. De perro de presa, a osito mimosín que saluda con afecto a Roura[ pregunta por Tito, cede su puesto en la sala de prensa del Camp Nou y evita responder a las embestidas verbales de los azulgranas. Fantástico. Bienvenido al lado bueno de la fuerza. Ahora hay que evitar a toda costa caer nosotros en el lado oscuro y empezar a despotricar de los árbitros. Por coherencia y vergüenza torera.