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Cuando una pregunta incomoda es que toca de lleno algún resorte que, por alguna razón, nos resulta sensible. Yo soy siempre partidario de formularme las preguntas más incómodas, y reflexionar sobre por qué lo son. Es la mejor manera de adelantarse a las crisis y de garantizarse un progreso sostenido.

La pregunta hoy por hoy más incómoda para un barcelonista -y, mucho más, para un barcelonista que vive en Madrid- es si asistimos finalmente a los primeros indicios de un cambio de ciclo. Después de las derrotas frente al Milan y el Madrid, e independientemente de lo que ocurra el día 12 en el partido de vuelta de los octavos de la Champions, mi conclusión es que sí. Que nos hallamos frente a los primeros síntomas del final de una era.

¿En qué me baso? No en los resultados obtenidos ni en las dificultades halladas a estas alturas de la competición, que no son una novedad. Me baso más bien en la falta de nervio exhibida por el equipo y en la escasa resiliencia que han demostrado ante la adversidad. Falta de confianza, falta de cohesión y evidente fatiga mental y anímica. Esto no dará mucho más de sí. Aunque, insisto, ante el Milan estos jugadores puedan protagonizar la gran machada dentro de 10 días.

¿Hay que resignarse ante este panorama y aprestarse a ver cómo las legiones blancas nos pisotean a su turno? En absoluto. El Barça está a tiempo de reaccionar y de gestionar con cabeza un final de ciclo, como lo hizo ya Laporta cuando Rijkaard cerró su etapa. Ni el equipo ni la institución se descompusieron. Guardiola tomó el relevo de un modelo ya en decadencia y supo regenerarlo, reinventarlo y mejorarlo.

Ha llegado la hora de hacer lo mismo. Hay que afrontar sin miedo la incómoda situación creada ante la enfermedad de Tito. Valorar ya mismo si puede seguir o si es mejor para el club -y para él mismo- que ceda el puesto a alguien con nuevas ideas y nueva energía. Ha sido una gran contrariedad su enfermedad, pero siempre nos llenamos la boca con lo de “la institución está por encima de las personas”, y ahora es el momento de ponerlo en práctica.

El Barça ha cambiado. Ha superado sus fantasmas históricos. Las nuevas generaciones de culés ya nada saben de nuestros miedos, resentimientos y frustraciones. Hay que reaccionar como lo que somos, un club grande acostumbrado a ganar y que quiere seguir en esta senda. A las maduras y, sobre todo, a las verdes.

El nuevo Mou

Cuando los resultados se ponen a su favor, Mourinho se transforma. De perro de presa, a osito mimosín que saluda con afecto a Roura[ pregunta por Tito, cede su puesto en la sala de prensa del Camp Nou y evita responder a las embestidas verbales de los azulgranas. Fantástico. Bienvenido al lado bueno de la fuerza. Ahora hay que evitar a toda costa caer nosotros en el lado oscuro y empezar a despotricar de los árbitros. Por coherencia y vergüenza torera.

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