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El debate sobre la conveniencia de rebuscar en la memoria histórica me parece absurdo, pero mucho más si se aplica al fútbol. El tabú del franquismo es una anomalía socio-política sin parangón en el mundo civilizado. Ni en Alemania provoca tantos sarpullidos hacer referencia al nazismo. En este país, decir que Franco era un dictador golpista y asesinó a muchos, sin ser exactamente franquistas, todavía les resulta incómodo al oído.

Dejémonos de una vez de eufemismos históricos, que cuando hablamos de las dictaduras argentina, chilena o cubana bien que no nos duelen prendas en usar términos categóricos.

Y el mismo principio habrá que aplicarlo a las interconexiones entre Real Madrid y administración franquista. No puede ser que intentar matizar la gloria blanca signifique condenarse al fuego eterno de la historia por blasfemo, resentido y revanchista.

En cualquier sociedad democrática sana hay que poder levantar alfombras y abrir ventanas sin temor a la dentellada jurásica. Que de una vez por todas circule el aire de la información y resplandezca el sol de la transparencia.

¿Por qué algunos estamentos deportivos todavía siguen blindando sus archivos? ¿Por qué se han investigado tan poco las conexiones políticas entre los estamentos federativos, el Real Madrid y la administración franquista? ¿Por qué cualquier intento en este sentido es percibido como una afrenta capaz de reavivar el fuego de la contienda civil?

Haber escrito un libro sobre la historia oculta del Real Madrid me ha enseñado, entre otras cosas, que importantes capas sociales en este país siguen rehuyendo un debate profundo sobre su propio pasado y rechazando enfrentarse con algunos interrogantes capitales.

¿El problema lo tenemos quienes lanzamos ciertas preguntas o los que nos niegan incluso el derecho a formularlas?

Este muerto está muy vivo

El aficionado merengue se quedó con la mandíbula floja el martes por la noche. Ya estaban preparados los cortejos fúnebres para enterrar al mejor club de la historia con todos los honores, cuando vieron ante sus ojos resucitar a sus peores fantasmas. Era enternecedor escucharles balbucear que el Barça había tenido suerte en el contraataque de Niang y que en el segundo gol Messi estaba 32 centímetros fuera de juego. ¡Cuánta plañidera para tan poco entierro!

En twitter: @carlestorras

Publicado en El Mundo Deportivo (16-03-2013)

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