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Tanto nos enseñaron a Iker Casillas las cámaras de Telecinco durante el partido contra Francia que esperábamos que su regreso a la titularidad sería por aclamación, como la entrada de Jesucristo a Jerusalem encima de una borrica. Pero no: en el Madrid se han saltado los ramos y han ido directamente a la crucifixión, con un portero mortificado bajo la pétrea mirada del gobernador Mourinho.

Resulta que han decidido no alinearle en Zaragoza “porque tiene el alta médica pero no competitiva“. Qué suerte ha tenido el portugués con la lesión tan oportuna del díscolo portero y también con el buen rendimiento que le ha dado Diego López. Una carambola con la que se quita de en medio a su principal contrapeso en el equipo.

Pero Telecinco parece que decidió hacer campaña por el guardameta blanco. La cámara fija para Iker, desde luego, no fue una decisión tomada con criterios deportivos. Quizás me lo pareció a mi, pero la reciente polémica por la faltada de Mourinho a Del Bosque condicionó todavía más de lo habitual a los locutores en sus comentarios acerca de la influencia del juego de Barça y Madrid en el combinado nacional.

Cómo pueden interpretarse si no algunos comentarios pescados al vuelo durante la transmisión, como los incesantes elogios a Xabi Alonso (“el GPS de la selección”), ante la parada magistral de Valdés al final del partido (“se la encontró”), la reducción de Iniesta a “trilero de la roja” o la calificación de Sergio Ramos como “el central de la selección”.

Me gustaría saber -y el deseo no pasará nunca de este estadio – si existe en algunas cadenas la consigna de realzar el papel de los madridistas de la selección o de ni siquiera nombrar al Barça en estos partidos en los que a la camiseta roja sólo le falta un brochazo azul para ser la del Barça.

Eso sí: desde hace unos años, no oigo a ningún madridista defender el juego directo, de casta, patadón y testosterona de la roja ochentera y noventera.

Dice Piqué que no entiende a los catalanes que desean que pierda la selección. Si, es difícil desearle mal a un equipo repleto de blaugranas y a un seleccionador programado para no caer mal. Pero para empatizar con todo lo que rodea a la roja hace falta, primero, ponerse una pinza en la nariz.

Mou no quiere bonzos

Como Mou anuncie que se va a final de temporada, no descarten ver a algún conocido periodista de la capital quemarse a lo bonzo sobre el césped del Bernabeu. Las muestras de apoyo incondicional, casi sectario, que recibe el portugués ahora parece que le incomodan. ¿Será porque tiene pensado irse? Pues hace bien poco lo que pedía el portugués era la adhesión incondicional de la hinchada blanca… Al final acabará volviendo locos a sus propios seguidores.

En twitter: carlestorras@telefonica.net

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