portada llibre

Digan lo que digan los voceros mediáticos de la jihad blanca, en Madrid han suspirado al saber que no sería el Barcelona su contrincante en las semifinales de la Champions.

“No os queremos ver ni en pintura”, me han dicho mis amigos merengues durante toda la semana. Por un lado, porque tienen claro que el Barcelona es el hueso más duro de roer para ellos, y la moral que habían cogido después del cruce de la Copa se esfumó al ver la furibunda reacción blaugrana frente al Milan. Y por otro lado por saturación de Clásicos. Y en eso coincidimos todos. Estamos de partidos del siglo cada cinco minutos hasta las narices.

Al Barça, en Madrid, lo ven ahora como un volcán. Cuando está apagado, todo el mundo se atreve a ir de picnic en el mismísimo cráter, con sillas plegables y mesa con tapete para el mus. Cuando rugen las tripas de la tierra y el volcán empieza a humear, los aldeanos corren que se las pelan a resguardarse cuanto más lejos mejor.

En esta temporada, el Barça tiene despistados a propios y a extraños. En muchos partidos importantes nos ha hecho sufrir más de la cuenta, y también nos ha dado ya algún disgusto. Así que quizás haya que volver a los tiempos de plomo en los que una victoria por un gol de rebote sabía a gloria, aunque hubieras jugado en plan rupestre durante todo el partido.

Es hora de colgar en el armario el traje de marca a medida y ponerse la camisa a cuadros de leñador, el tejano raído y la motosierra. En idioma Iniesta, nos espera “un reto apasionante”. En realidad, todos sabemos que lo que nos aguarda es un auténtico infierno.

Pero el Barça también fue, en un pasado no tan lejano, un equipo de trinchera y cuerpo a tierra, y sabremos responder al compromiso. Lo de ganar (y perder) sufriendo ha sido lo nuestro durante largas décadas. Estamos bregados en los más infames lodazales, y espero que todavía conservemos el espíritu de lucha.

En Madrid, mientras tanto, ya están vallando la Cibeles para celebrar su décima. De momento, se han quitado de enmedio a sus dos grandes cocos, y la final -a la que nadie en su sano juicio, salvo aguafiestas incólumes o atléticos puntillosos, duda de que llegarán- será un trámite para ganar el campeonato que les pertenece por derecho natural, la Champions.

Quizás ganen, o quizás no. Lo seguro es que fácil tampoco lo tendrán.

Termómetro Pellegrini

La derrota del Málaga en cuartos de final frente al Borussia provocó curiosas reacciones en la hinchada madridista, que todavía recuerda los tiempos de Pellegrini en el banquillo de su equipo. Su flemática y educada respuesta en la rueda de prensa posterior al partido, después de recibir tamaño mazazo, contrastó poderosamente con lo que hubiese salido por la boquita de Mou en circunstancias parecidas. Para unos, Pellegrini fue un señor. Para los mourinhistas, un flojo. Ya está todo dicho.

En twitter: @carlestorras
Publicado en El Mundo Deportivo (13-04-13)

Anuncios