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No todos los españoles están en contra de que los catalanes puedan expresar en las urnas, libremente, cuál debería ser su futura relación con el reino de España: entre las generaciones jóvenes, de entre 20 y 30 años, encuentro en Madrid respeto por las reivindicaciones catalanas.

No todos los madrileños están de acuerdo con lo que dice Telemadrid, que en un informativo compara el lenguaje de Mas y Junqueras con el de Hitler y Stalin. De hecho, la gran mayoría de los madrileños ni ve esa cadena: su audiencia media diaria suele rondar, con suerte, el 4 % de share. Es decir, que de cien madrileños que ven la tele, 96 prefieren otras cadenas menos rupestres.

De la misma manera, no todos los madridistas han descubierto a Mourinho cuando el portugués ha decidido orientar el ventilador de las heces hacia su propia parroquia. Antes de recibir la ducha de realidad –por decirlo finamente- que han sido sus últimas dos ruedas de prensa, muchos merengues renegaban ya de su maquiavelismo de vía estrecha.

Ahora falta saber qué opinan la mayoría de madridistas sobre la gestión de Florentino Pérez, que al final es quien rendirá cuentas ante el socio. En las elecciones sabremos si la masa social blanca acepta haberse convertido en un club empequeñecido por la obsesión hacia el rival, desprestigiado deportiva y socialmente en Europa y relegado al rincón más polvoriento y apolillado del museo del fútbol.

Sin ir más lejos, parece que la única salida a la crisis que ha pergeñado de momento Florentino es interponerse entre Neymar y el Barça.

La política institucional del club está tan deteriorada que ha sido un jugador, Sergio Ramos, quien ha tenido que pedir públicamente concordia interna a una semana de la final de la Copa del Rey.

Cómo habrá sido de encarnizado el combate fratricida que el agreste Pepe ha quedado en un rincón, lloroso, lamiéndose las heridas.

Culebrón Di Stefano

El astro argentino vive en el ocaso de su vida las tensiones familiares por el control de su fortuna. Los hijos han acusado al Real Madrid de maltratar al presidente de honor del club, que es lo que le faltaba escuchar a Florentino. En cambio, Don Alfredo parece no estar pasándolo nada mal al lado de Gina, su secretaria medio siglo más joven que él, con la que ha mostrado intención de casarse. Alguna fuente apunta que la costarricense habría huido al extranjero, añadiendo más salsa al culebrón. Di Stefano, de carácter tormentoso, parece que quiere vivir apasionadamente la vida hasta sus últimas consecuencias.

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