Archivos para el mes de: junio, 2013

sanchez fornet

Muchos coches policiales norteamericanos llevan en sus laterales el lema “to serve and protect”, o sea, “para servir y proteger”. A veces la divisa es más bien “para perseguir y patear”, sobre todo cuando el ciudadano concernido tiene la piel negra, pero no nos desviemos de la cuestión.

Esta semana hemos descubierto que, en España, el lema de la policía nacional lleva un tercer verbo: “servir, proteger e insultar”. Lo dejó bien claro el secretario general del sindicato mayoritario del cuerpo SUP, José Manuel Sánchez Fornet, quien llamó por twitter “alimañas rabiosas”, “mongólicos” (sic), “fanáticos”, “nazis” (un clásico), “hijos de puta” y “corruptos” a los espectadores del circuito de Montmeló que abuchearon el himno de España.

Josep Cuní, siempre ponderado, le llamó el día después para que pudiera retractarse. Pero el poli desatendió el gesto y volvió a chapotear en el mismo lodazal de resentimiento.

Digamos de entrada que lo de silbar un himno es una práctica poco edificante que, por cierto, lleva a cabo sistemáticamente la hinchada española cuando se enfrenta a cualquier otra selección del mundo. Así lo he comprobado personalmente en los dos únicos partidos de selección a los que he asistido: frente a Rusia en la Eurocpa 2008 y frente a Italia en la Eurocopa 2012. Pero no leí yo entonces improperios semejantes en el twitter de Sánchez Fornet.

Este señor debería entender dos cosas: primera y principal, un agente de la autoridad nunca puede insultar a un colectivo ciudadano que también paga impuestos y al que, por tanto, debe servir y proteger. Y la segunda: abuchear un himno puede ser una falta de respeto a un símbolo, pero también puede ser una protesta cívica y pacífica en un contexto político excepcional.

Para eso el SUP debería cambiar el tercer verbo de la divisa y dejarla en “servir, proteger y comprender”. Pero me temo que sería mucho pedirle.

Otra víctima

Parece que Gonzalo Higuaín acabará aterrizando en el Arsenal después de un final de etapa más bien frio y desangelado en el Real Madrid. El Pipita es un jugador querido por la parroquia blanca, que valora su entrega y su nervio, en contraste con las formas más bien apáticas de Karim Benzemá. Higuaín puede exhibir mejores estadísticas que el francés pero, por desgracia para él, no fue un fichaje personal del Todopoderoso. Florentino, una vez más, ha dictado su ley.

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En esta ciénaga burbujeante que es España uno ya no sabe si las manchas se las hace cada cual o son salpicaduras provocadas por el chapoteo generalizado. El episodio de la fiscalía pisando los talones a Messi llega en plena apoteosis de desconfianza en todo el sistema.

Desconfianza de todo el mundo salvo de la prensa de la capital y de algunos prebostes del madridismo, que gracias a Messi han caído del caballo como Saulo, en un arrebato de fe súbita en el sistema judicial español.

“Va a ser difícil que Messi regatee esta querella”, escribía un iluminado emborronacuartillas de la sección de opinión del diario ABC después de imputar, instruir, juzgar y dictar sentencia él solito.

El mismo día, el diario El Mundo -que todavía nos debe una explicación de dónde sacó el informe policial fantasma sobre Mas que publicó en plena campaña de las autonómicas- abría su edición con este titular a cuatro columnas: “Messi ensucia su imagen al hacer trampas para evadir impuestos”. Toma ya. Pedro J. manda de un plumazo los fundamentos jurídicos del Estado de Derecho a freír espárragos.

La cosa se quedaría en mera lección de ética periodística si no fuera por el pequeño detalle de que en los últimos meses han desfilado en las portadas de estos mismos diarios nombres irrelevantes como la infanta Elena, Luis Bárcenas, Ana Mato, José Antonio Griñán, José Blanco o el sagaz presidente del Senado, que dijo desconocer que había que declarar ante Hacienda los ingresos. Con ninguno de ellos se ha especulado tanto como con Messi con su posible ingreso en prisión.

Si Messi ha hecho algo mal o ha dado consentimiento a su entorno para que lo haga, que pague. Como todos. Pero que una sociedad con los cimientos y el armazón entero carcomidos por la corrupción y la falta de referencias éticas eleve un dedo acusador contra Messi cuando la justicia ni tan siquiera ha empezado a funcionar provoca, cuando menos, un profundo asco.

Mucho golfo con camiseta blanca se cree con derecho a enfundarse una toga negra. Que no nos confundan.

“¡Es que soy del Madrid!”

“Joeeee, ¡es que soy del Madrid!” fue la respuesta del fiscal de urbanismo cuando, en el año 2000, Matilde Fernández, expresidenta del grupo socialista en el ayuntamiento de Madrid, le puso encima de la mesa toda la documentación para que actuara contra Florentino Pérez por la recalificación de los terrenos de la ciudad deportiva. Un dato: el fiscal se llamaba Mariano Fernández Bermejo, y más tarde fue ministro de Justicia con Zapatero. Y otro dato: el asunto quedó, judicialmente, en agua de borrajas.

segunda equipación

Me suelo divertir en la capital con las furibundas reacciones ante noticias que, sobre el papel, parecía que no iban a motivar más que deshilachados comentarios de mesa camilla. Aquí se han desatado auténticos vendavales de indignación a partir de algo aparentemente tan inofensivo como la segunda equipación del FC Barcelona.

Una compañera de trabajo se me acerca por la mañana blandiendo un periódico de Madrid donde aparece, en portada, la foto de la presentación de la nueva camiseta con los colores de la bandera catalana –no ‘senyera’, porque como dice Quim Monzó llamarla así es rebajarla a la categoría de mero estandarte sin auténtico peso institucional.

La compañera, que hasta el momento no había evidenciado ningún ramalazo anticatalán, se despacha en tono cortante: “¿Y ahora esto? Ya os vale. ¡Y cuántas veces dijeron estos dos –los presidentes Mas y Rosell– la palabra ‘país’! ¿Por qué tanto?, ¿para metéroslo en la cabeza? ¡País, país, país, venga país!”.

La miro, atónito. Aunque después de tanto tiempo a orillas del Manzanares ya debería estar uno entrenado a capear este tipo de diatribas, a veces se producen de forma tan inopinada que resultan altamente desconcertantes. “¿Te molesta?”, he atinado a preguntar. Se ha alejado sin dar respuesta a mi sincera inquietud sociopolítica.

En la inauguración de un restaurante, cometo el error de enfrascarme en una tertulia política con un invitado que se presenta de forma inquietante: “Yo suelo viajar mucho a Cataluña y quiero mucho a esa región”. Dicha afirmación suele ser la antesala de una rabiosa andanada.

Efectivamente, el puyazo no tarda en llegar: “El ‘derecho a decidir’ ese ofende a mi sensibilidad”. Y los exabruptos que siguen no concuerdan mucho con su supuesta sensibilidad a flor de piel. A él no ha hecho falta preguntarle si le molestaba, era evidente que sí.

No sé si son hechos aislados o indicios de que, por fin, hemos empezado un camino que realmente preocupa en Madrid. Y no me refiero ahora al fichaje de Neymar.

Sólo queda Arbeloa

El mourinhismo ya sólo quedan un eco lejano y el salmantino Arbeloa. Conviene acordarse de aquellos broncos partidos en los que, en la zona mixta, comparecían los jugadores madridistas como una jauría a vocear las consignas de su entrenador. Aquellas ofensivas en tropel han dejado ahora paso a un incómodo silencio puntuado con discretas críticas al ya ex entrenador. Solamente el lateral blanco ha salido en defensa del portugués, desmarcándose del acomodo masivo de sus compañeros a los nuevos tiempos. No sé si sabrá que Mourinho nunca habría hecho lo mismo por él.

Publicado en El Mundo Deportivo (08-06-13)
en twitter: @carlestorras

Oscar Campillo, director del Diario Marca desde 2011

Oscar Campillo, director del Diario Marca desde 2011

Qué tiempos aquellos en los que a Florentino le bastaba con enarcar una ceja para que un ejército de periodistas de Madrid se esforzaran en acompasar su ética periodística con el tam tam proveniente de las oficinas de Concha Espina.

Las cosas hace un tiempo que empezaron a cambiar, pero en este fundido a negro que estamos viviendo de la era Mourinho – qué final tan lánguido y melifluo, con lo que él ha sido- a Florentino se le multiplican los respondones.

El primer golpe mortal al florentinato mediático lo asestó Pedro J. al sentar en el banquillo al director del diario Marca, en 2011. La salida de Eduardo Inda del terreno de juego y la incorporación de Óscar Campillo, un periodista de los que van a cubrir una guerra y se olvidan del chaleco antibalas en el hotel, significó el inicio de una tormentosa etapa en las relaciones entre Marca y el club blanco. Algunas portadas empezaron a cuestionar los métodos entre castrenses y circenses de Mourinho.

El diario AS ha sido el último en sumarse a las honras fúnebres por la Central Lechera. Su director, Alfredo Relaño, ha relatado esta semana en su columna -la misma que alumbró el término ‘villarato’- una refriega entre Florentino y un reportero de Onda Cero. Según parece, al periodista se le ocurrió contar en antena que el empresario había escuchado algún abucheo durante un partido del Castilla. Florentino le buscó, “le acusó de mentir y aseguró que hablaría con su jefe”. Un clásico de la censura caciquil expresado de forma tan burda que hubiera incomodado a Santiago Bernabéu. A quién se lo ocurre, en unas épocas en las que ni un príncipe se salva de una buena bronca en el mismísimo Liceu.

Los nombres de entrenadores y de jugadores a incorporar en la casa blanca se suceden en la prensa deportiva de Madrid sin aparente orden ni concierto. Lo único que parece seguro es que Florentino accederá a un nuevo mandato, a menos que algún aspirante a candidato le dé la vuelta a susbolsillos y sume 75 millones de euros. Nada, calderilla.

Este es, ahora mismo, el único proyecto de futuro del más importante club de fútbol del siglo XX: más Florentino, menos democracia interna e ir a tortas con su coro mediático. Vamos, la mejor receta para el éxito.

Publicado en El Mundo Deportivo (02-06-2013)
En twitter: @carlestorras