segunda equipación

Me suelo divertir en la capital con las furibundas reacciones ante noticias que, sobre el papel, parecía que no iban a motivar más que deshilachados comentarios de mesa camilla. Aquí se han desatado auténticos vendavales de indignación a partir de algo aparentemente tan inofensivo como la segunda equipación del FC Barcelona.

Una compañera de trabajo se me acerca por la mañana blandiendo un periódico de Madrid donde aparece, en portada, la foto de la presentación de la nueva camiseta con los colores de la bandera catalana –no ‘senyera’, porque como dice Quim Monzó llamarla así es rebajarla a la categoría de mero estandarte sin auténtico peso institucional.

La compañera, que hasta el momento no había evidenciado ningún ramalazo anticatalán, se despacha en tono cortante: “¿Y ahora esto? Ya os vale. ¡Y cuántas veces dijeron estos dos –los presidentes Mas y Rosell– la palabra ‘país’! ¿Por qué tanto?, ¿para metéroslo en la cabeza? ¡País, país, país, venga país!”.

La miro, atónito. Aunque después de tanto tiempo a orillas del Manzanares ya debería estar uno entrenado a capear este tipo de diatribas, a veces se producen de forma tan inopinada que resultan altamente desconcertantes. “¿Te molesta?”, he atinado a preguntar. Se ha alejado sin dar respuesta a mi sincera inquietud sociopolítica.

En la inauguración de un restaurante, cometo el error de enfrascarme en una tertulia política con un invitado que se presenta de forma inquietante: “Yo suelo viajar mucho a Cataluña y quiero mucho a esa región”. Dicha afirmación suele ser la antesala de una rabiosa andanada.

Efectivamente, el puyazo no tarda en llegar: “El ‘derecho a decidir’ ese ofende a mi sensibilidad”. Y los exabruptos que siguen no concuerdan mucho con su supuesta sensibilidad a flor de piel. A él no ha hecho falta preguntarle si le molestaba, era evidente que sí.

No sé si son hechos aislados o indicios de que, por fin, hemos empezado un camino que realmente preocupa en Madrid. Y no me refiero ahora al fichaje de Neymar.

Sólo queda Arbeloa

El mourinhismo ya sólo quedan un eco lejano y el salmantino Arbeloa. Conviene acordarse de aquellos broncos partidos en los que, en la zona mixta, comparecían los jugadores madridistas como una jauría a vocear las consignas de su entrenador. Aquellas ofensivas en tropel han dejado ahora paso a un incómodo silencio puntuado con discretas críticas al ya ex entrenador. Solamente el lateral blanco ha salido en defensa del portugués, desmarcándose del acomodo masivo de sus compañeros a los nuevos tiempos. No sé si sabrá que Mourinho nunca habría hecho lo mismo por él.

Publicado en El Mundo Deportivo (08-06-13)
en twitter: @carlestorras

Anuncios