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En esta ciénaga burbujeante que es España uno ya no sabe si las manchas se las hace cada cual o son salpicaduras provocadas por el chapoteo generalizado. El episodio de la fiscalía pisando los talones a Messi llega en plena apoteosis de desconfianza en todo el sistema.

Desconfianza de todo el mundo salvo de la prensa de la capital y de algunos prebostes del madridismo, que gracias a Messi han caído del caballo como Saulo, en un arrebato de fe súbita en el sistema judicial español.

“Va a ser difícil que Messi regatee esta querella”, escribía un iluminado emborronacuartillas de la sección de opinión del diario ABC después de imputar, instruir, juzgar y dictar sentencia él solito.

El mismo día, el diario El Mundo -que todavía nos debe una explicación de dónde sacó el informe policial fantasma sobre Mas que publicó en plena campaña de las autonómicas- abría su edición con este titular a cuatro columnas: “Messi ensucia su imagen al hacer trampas para evadir impuestos”. Toma ya. Pedro J. manda de un plumazo los fundamentos jurídicos del Estado de Derecho a freír espárragos.

La cosa se quedaría en mera lección de ética periodística si no fuera por el pequeño detalle de que en los últimos meses han desfilado en las portadas de estos mismos diarios nombres irrelevantes como la infanta Elena, Luis Bárcenas, Ana Mato, José Antonio Griñán, José Blanco o el sagaz presidente del Senado, que dijo desconocer que había que declarar ante Hacienda los ingresos. Con ninguno de ellos se ha especulado tanto como con Messi con su posible ingreso en prisión.

Si Messi ha hecho algo mal o ha dado consentimiento a su entorno para que lo haga, que pague. Como todos. Pero que una sociedad con los cimientos y el armazón entero carcomidos por la corrupción y la falta de referencias éticas eleve un dedo acusador contra Messi cuando la justicia ni tan siquiera ha empezado a funcionar provoca, cuando menos, un profundo asco.

Mucho golfo con camiseta blanca se cree con derecho a enfundarse una toga negra. Que no nos confundan.

“¡Es que soy del Madrid!”

“Joeeee, ¡es que soy del Madrid!” fue la respuesta del fiscal de urbanismo cuando, en el año 2000, Matilde Fernández, expresidenta del grupo socialista en el ayuntamiento de Madrid, le puso encima de la mesa toda la documentación para que actuara contra Florentino Pérez por la recalificación de los terrenos de la ciudad deportiva. Un dato: el fiscal se llamaba Mariano Fernández Bermejo, y más tarde fue ministro de Justicia con Zapatero. Y otro dato: el asunto quedó, judicialmente, en agua de borrajas.

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