sanchez fornet

Muchos coches policiales norteamericanos llevan en sus laterales el lema “to serve and protect”, o sea, “para servir y proteger”. A veces la divisa es más bien “para perseguir y patear”, sobre todo cuando el ciudadano concernido tiene la piel negra, pero no nos desviemos de la cuestión.

Esta semana hemos descubierto que, en España, el lema de la policía nacional lleva un tercer verbo: “servir, proteger e insultar”. Lo dejó bien claro el secretario general del sindicato mayoritario del cuerpo SUP, José Manuel Sánchez Fornet, quien llamó por twitter “alimañas rabiosas”, “mongólicos” (sic), “fanáticos”, “nazis” (un clásico), “hijos de puta” y “corruptos” a los espectadores del circuito de Montmeló que abuchearon el himno de España.

Josep Cuní, siempre ponderado, le llamó el día después para que pudiera retractarse. Pero el poli desatendió el gesto y volvió a chapotear en el mismo lodazal de resentimiento.

Digamos de entrada que lo de silbar un himno es una práctica poco edificante que, por cierto, lleva a cabo sistemáticamente la hinchada española cuando se enfrenta a cualquier otra selección del mundo. Así lo he comprobado personalmente en los dos únicos partidos de selección a los que he asistido: frente a Rusia en la Eurocpa 2008 y frente a Italia en la Eurocopa 2012. Pero no leí yo entonces improperios semejantes en el twitter de Sánchez Fornet.

Este señor debería entender dos cosas: primera y principal, un agente de la autoridad nunca puede insultar a un colectivo ciudadano que también paga impuestos y al que, por tanto, debe servir y proteger. Y la segunda: abuchear un himno puede ser una falta de respeto a un símbolo, pero también puede ser una protesta cívica y pacífica en un contexto político excepcional.

Para eso el SUP debería cambiar el tercer verbo de la divisa y dejarla en “servir, proteger y comprender”. Pero me temo que sería mucho pedirle.

Otra víctima

Parece que Gonzalo Higuaín acabará aterrizando en el Arsenal después de un final de etapa más bien frio y desangelado en el Real Madrid. El Pipita es un jugador querido por la parroquia blanca, que valora su entrega y su nervio, en contraste con las formas más bien apáticas de Karim Benzemá. Higuaín puede exhibir mejores estadísticas que el francés pero, por desgracia para él, no fue un fichaje personal del Todopoderoso. Florentino, una vez más, ha dictado su ley.

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