guardiolatito

A los que vivimos con intensidad los años ochenta del barcelonismo (y no digamos ya a los que les tocaron los setenta y los sesenta) lo del año 2013 nos suena a música celestial. Tenemos grabado a sangre y fuego episodios como el motín del Hesperia, el ridículo estelar en la final de la Copa de Europa en Sevilla, con apedreamiento de trenes en Valencia incluida, los shows de Núñez en el palco (ahora sollozo y ahora llamo putero a Juanito), los enfrentamientos judiciales entre la directiva y Schuster, y los torpedos de ida y vuelta con el saltarín presidente Mendoza, entre muchas otras portadas XXL.

En comparación con todo aquello (y aunque decirlo empiece a sonar a batallita de abuelo cebolleta) lo de Guardiola y Tito parece sacado de un episodio de Marco o de Heidi. ¿Qué tenemos? ¿Un ex entrenador que ya no se habla con su ayudante? ¿Un entrenador que pide más cariño a su antiguo mentor? Bueno, nada que no resuelvan un par de cervezas negras en una terraza de la plaza Real, como se ha hecho toda la vida.

Me preocupa mucho más la falta de cintura de muchos seguidores barcelonistas, que se han lanzado a la batalla fratricida con un entusiasmo exacerbado. Parecía que llevaban cuatro años contenidos, esperando la señal para lanzarse a la yugular de sus correligionarios.

Sí, hay un componente autodestructivo en el ADN azulgrana que, como algunos nos temíamos, ni cuatro años de gloria han logrado cambiar. Pero mientras se mantenga dentro de unos límites razonables tampoco es tan perjudicial. Siempre y cuando no pasemos del debate interno a la trifulca abierta.

Lo dijo el ex presidente Narcís de Carreras: la concepción del Barça es democrática y la del Madrid es totalitaria. Allí no pudieron votar ni cuando se murió Bernabéu, y aquí votábamos cuando España era una reliquia del fascismo.

Allí fichan a un auténtico orangután como entrenador, y al cabo de tres años se larga como si nada dejándoles la jaula convertida en un erial. Aquí a Pep se le ocurre decir que le dejen en paz por favor, y se monta la verbena de la Paloma en fascículos. Y si Tito le contesta pidiendo mimitos, ya tenemos apoteosis total.

Es importante saber que ni cambiaremos ni, a lo mejor, falta que nos hace. Simplemente con aprender a relativizar un poco las cosas nos iría francamente mejor. Bofetadas sí pero, para evitar tentaciones, dejémonos la faca en casa.