neymar 24-08-13

El efecto que irá produciendo en las gradas de España la visita del FC Barcelona con el equipaje 'almogàver‘ podría servir como plebiscito sobre el derecho a decidir de Catalunya en todo el Estado. Como parece que es tan complicado convocar consultas, ahí dejo pues esta idea.

El Barça visitaba este miércoles el Vicente Calderón, un estadio por el que circulan corrientes de aire por arriba y coches por debajo. La afición atlética, salvo lances circunstanciales del juego, no sufre espasmos epilépticos cada vez que ve una camiseta azulgrana, como sí les sucede un poco más al norte a los habitantes del territorio blanco.

En el Calderón, el azulgrana pase. Pero lo de la bandera catalana fue como tocar un resorte automático: arreciaron los insultos (podrían ir renovando el repertorio, por cierto, que nosotros nos esforzamos en darles material novedoso año a año), el agitar rabioso de banderas rojigualdas e incluso, como artista invitado, asomó la cabecita algún pollo de corral. Saque usted una bandera catalana y animará cualquier fiesta capitalina.

Estaremos de acuerdo con los colchoneros en que la equipación es cromáticamente impactante. Lacerante incluso. Vamos, que con la camiseta cuatribarrada los jugadores del Barça pueden cortar una autopista sin temor a ser atropellados. Salvo si el que conduce es Godín, claro.

Pero igual el rechazo de la grada no fue por motivos estéticos. Más bien habría que entenderlo como un voto simbólico sobre nuestro derecho a decidir: os queremos para siempre en España para seguir cultivando ese gusanillo que nos reconcome las tripas cada vez que vemos vuestros colores.

Pues eso, si les sirve de terapia -y además gratuita- no vayamos a defraudarles. Propongo que el año que viene la segunda equipación del Barça incorpore ya a las cuatro barras el triángulo amarillo y la estrella roja. Entonces, las aficiones más españolistas de todo el territorio nacional podrán echar gasolina al fuego interior y arder en su placentera hoguera de pasión.

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