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Hoy he escuchado en tu boca el eco de la voz de tantos y tantos amigos en Madrid que ven venir, como yo, lo que desde hace años se acerca de forma inexorable: la partición de la actual España. Tu razonamiento es el que me hacen en mil bares de copas, terrazas y restaurantes todos aquellos que, al compartir sus inquietudes conmigo, ven que esta vez la cosa va en serio y que la suerte está echada.

Iñaki Gabilondo no quiere que España pierda a Catalunya, y tiene una receta para impedirlo. Una receta que, al final, ha comprendido que ningún partido español es capaz de poner en funcionamiento. Simplemente porque no lo quiere la mayoría.

Hay un Madrid que nos quiere. Hay una España que nos acepta tal cual somos, que estaría dispuesta a lo que fuera para que nos quedásemos. Que realmente entiende que un país es una suma de realidades en la que cada cual aporta su personalidad, su diferencia, y recibe a cambio los beneficios de pertenecer a un gran grupo.

Existe la España de Iñaki Gabilondo. Una España que escucha, que razona, que entiende y que celebra la diferencia. ¿Dónde estaríamos hoy con una mayoría de españoles así? Hoy no estaríamos manifestándonos, simplemente porque no sufriríamos ninguno de los ahogos que hoy nos empujan a irnos.

Ni una Constitución asfixiante, ni un tribunal constitucional implacable, ni un sistema de normalización lingüística en permanente discusión, ni una prohibición de votar en referéndum lo que queremos ser de mayores. Simplemente, hubiéramos podido decidir democráticamente qué forma de encaje nos convenía y nos satisfacía para seguir participando del proyecto común español. Sin coacciones, sin ultimatums, sin reproches constantes.

Pero hasta Iñaki es consciente, hoy, de que esto ya no es posible. Que el encaje era más utópico que la independencia. España no está preparada para aceptarnos tanto como lo estamos nosotros para irnos. Hemos corrido más nosotros que ellos. Nos hemos esforzado más nosotros que ellos. Una vez más.

Sólo decir a mis amigos y a la gente como tú, Iñaki, que seguiremos estando ahí, que no nos vamos a ninguna parte. Que seguiréis teniendo las puertas de Catalunya abiertas de par en par como abierto ha sido siempre vuestro corazón.

Hasta siempre, Iñaki.

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