Destacaban en titulares los informativos de la Sexta -cadena perteneciente por cierto a una empresa editorial con sede social en Barcelona- que “todavía Artur Mas no ha pedido perdón” por el desplante a Soraya Sáenz de Santamaría en un acto con empresarios en Barcelona. Y espero que Antonio García Farreras y sus servicios informativos se tengan que esperar sentados.

El derecho a decidir que esgrimen la gran mayoría de los catalanes parece ser que obtendrá como única respuesta el derecho a avasallar del gobierno central. Nunca en 36 años desde la restauración de la Generalitat un vicepresidente del gobierno había presidido un acto en Catalunya en presencia del presidente catalán. Ni cuando Maria Teresa Fernández de la Vega visitó Barcelona estando Zapatero, a la sazón presidente del gobierno, de visita oficial fuera de España. Pero claro, ha llegado la hora de marcar paquete, y el Estado siempre ha tenido las de ganar, hasta el momento, en este tipo de demostraciones testosterónicas.

Catalunya ha sido una tierra poco prolífica en puñetazos sobre la mesa. Necesitamos más entreno, y pequeñas escaramuzas como la del jueves no nos vienen nada mal para marcar el terreno y las normas del juego. Hay que ir cogiéndole el punto a la política internacional, por lo que pueda pasar. Y en política internacional son tan importantes los discursos como los gestos simbólicos. El protocolo no es una liturgia caprichosa. Es un código de conducta pensado para evitar pisar el callo del vecino. Y saltárselo no es una simple anécdota, es una clara declaración de intenciones. En el caso que nos ocupa, un claro acto de vasallaje. Por eso Mas, según mi opinión, ha hecho bien en reclamar respeto institucional. No hacia su persona, sino hacia todo lo que representa.

Por todo ello me alegró comprobar que Alejo Vidal-Quadras, que culebreaba en una de las pocas cadenas pseudo clandestinas de la ultraderecha en la que le dan voz, se recreaba en insultar a Mas, llamándole “patán” y “provinciano”. Me imagino que es muy duro estar defenestrado y desahuciado por propios y extraño. Pero no pude evitar pensar que lo más cercano a un patán que estaba viendo en aquél momento era el propio Vidal-Quadras, incapaz de dominar sus más bajas pasiones cada vez que se refiere a cualquier catalán que no sea nacionalista español. Hasta Juan Carlos Girauta, que no sería precisamente un maulet, le reconvino en la misma tertulia jurásica recordándole que solamente el presidente del gobierno y los miembros de la familia real pasan por delante de Mas en orden de protocolo en Catalunya.

Pero por suerte la vida nos ofrece a menudo increíbles contrastes naturales. Justamente el jueves, cuando estuve contemplando a dichos neandertales catódicos nocturnos, había estado tomando unas cañas con dos amigos, uno madrileño y el otro sevillano. Este último ha pasado ocho ańos en Londres, trabajando en la City en una conocida financiera multinacional. No tardó en surgir el tema catalán, y su análisis me dejó pasmado: “la Constitución no sirve. Ha sido útil como herramienta para la convivencia durante un tiempo, pero viendo lo que ocurre en Catalunya está claro que ya no funciona. España no puede prescindir de Catalunya, así que tendrá que prescindir de la actual constitución y redactar una nueva que satisfaga a ambas partes”. El de Madrid, arquitecto de profesión, remachó: “es ridículo que pretendan tratar a Cataluña como si fuese la región de Murcia. Eso es empeñarse en no querer ver la realidad”. Por cierto, ambos son votantes del PP. Y solamente habían bebido dos cañas.

Aunque el aparato mediático cuaternario dispare continuamente salvas rojigualdas y aunque el gobierno Rajoy esté demostrando una descomunal incompetencia y falta de liderazgo en la gestión del tema catalán, me consuelo pensando que siempre es posible rodearse de gente que piensa con la cabeza y no con los pies. Hay muchos españoles que no nos odian, y es bueno recordarlo de vez en cuando para que modulemos también nuestras respuestas, pensando en ellos.

Entiendo que este segmento social que observa con respeto -pero en silencio- nuestras decisiones como pueblo entenderá perfectamente que actuemos en consecuencia cuando el miope de la Moncloa no nos deje otra puerta abierta que la de salida. Lo importante, concluimos los tres amigos caña en mano, será la relación que podamos establecer a posteriori, como vecinos, para que económicamente no nos hagamos pupita mútuamente. “Porque no olvidemos, dijo el de la City, que unos y otros somos el culo del culo del mundo que es Europa”. Y tiene toda la razón.

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