rubalcaba

A ver si nos aclaramos: el problema no es que el corsé apriete, sino el querer llevar corsé. Alfredo Pérez Rubalcaba se ha sacado de la chistera una propuesta de reforma constitucional “para acercar a España a un modelo federal”. ¿Qué significa esto? ¿Un estado de las autonomías evolucionado en el que la financiación de Catalunya vuelva a quedar diluida en un sistema de régimen común? ¿Un modelo de Estado que seguirá permitiendo al gobierno central legislar a placer en cuestiones reservadas a las autonomías o los estados federados, como la educación? Un modelo de estado que seguirá sin distinguir los territorios históricos de las demarcaciones puramente administrativas? Esto no es una propuesta política, esto es el timo de tocomocho. La misma miseria de siempre pero adornada con un lacito de colores.

No sigamos desenfocando la cuestión, señores. El problema al que se enfrenta España no es la Constitución, porque como dice Miquel Roca si se hubiese hecho de ella una lectura generosa no haría falta ni tocarla. El problema es la filosofía de Estado que anima y animará la acción política de los dos partidos mayoritarios españoles. Solamente conciben un sistema unitarista de matriz castellanocéntrica en el que las autonomías o estados federados o como quieran llamarlos son divisiones puramente administrativas que se rigen todas por el mismo rasero. De Catalunya se tolerarán las especificidades culturales (¡muchas gracias!) pero nada más. Por lo demás se pretenderá que funcione, exactamente, como la región de Murcia. Eso sí, con una presión fiscal mucho más alta que Murcia y con una inversión del Estado muy inferior a la de Murcia.

La filosofía de PSOE y PP se basa en negar a Catalunya como sujeto de soberanía y como nación. Lo que hagan con la Constitución a partir de esta negación, a los catalanes, nos tiene que traer sin cuidado. Porque ni con cincuenta mil cambios lograrán satisfacer lo que pedimos. Y ya no lo mendigamos. Ahora lo exigimos.
Ni los cantos de sirena del final de la crisis nos tienen que desconcentrar ahora. No debemos caer en el error de pensar que porque empezamos a salir del túnel hay que deshacer ahora el camino recorrido. Al contrario. Si la situación económica repunta, mejor. Así, nuestra transformación en Estado libre será una aventura menos azarosa. No es un tema coyuntural el que nos mueve, ni un tema coyuntural el que nos hará parar.

Ver salir a los presos de ETA y observar los lodos que se remueven con los últimos coletazos del tema terrorista vasco debe aumentar nuestra autoestima: lo estamos haciendo bien, con un respeto escrupuloso a las normas de convivencia democrática y con unas arraigadas convicciones pacíficas. Nadie podrá arrebatarnos la razón porque tal y como defendemos nuestros argumentos, tienen una fuerza aplastante.

Al menos parece que los dirigentes políticos españoles se van dando cuenta, poquito a poco, de la magnitud de la tragedia que les ronda, de lo irreparable del mal que han causado con su ineptitud y ceguera. Lo que todavía no atinan a vislumbrar es la irreversibilidad del proceso. Y cuando se quieran dar cuenta sólo podrán ya lamentarse por no haber sabido reaccionar a tiempo. No será que no se les habrá avisado.

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