Archivos para el mes de: noviembre, 2013

tata

De verdad que hay veces que el barcelonismo, visto desde la distancia, alcanza el paroxismo más absoluto. Perder un partido arroja al club y elementos aledaños dentro de una espiral de autocontemplación y ombliguismo, a la vez que vierte gasolina sobre el fuego de la guerra interna. ¿Les suena la canción?

Lo peor de todo es que en los programas deportivos aparecen como hongos los especialistas que diseccionan el juego del equipo para desarrollar una amplia panoplia de teorías. Teorías que sabemos positivamente que cambiarán de semana en semana en función del último resultado.

O el Barça no da para tanto o hay demasiados programas deportivos. Pero lo que está claro es que no se puede sacar tanto zumo de este limón sin dejarlo liofilizado. Por favor, levantemos al equipo del diván o acabarán todos más locos que Alves en una montaña rusa.

¿El seguidor del Barça se merece este infierno? ¿El histerismo del entorno es fruto de la personalidad colectiva del culé, o es al revés? ¿Fue primero el huevo o la gallina? La pregunta parece una tontería, pero no lo es tanto a la luz de lo que, según mi modesta opinión, tenemos que plantearnos ahora.

La cuestión es que si apelamos a la memoria histórica, y tampoco hace falta retroceder mucho en el tiempo, creo que todos los barcelonistas coincidiremos que no hay necesidad de retomar antiguas sendas. Yo todavía tengo pesadillas con lo de la final de Sevilla frente al Steaua y el motín del Hesperia, las lágrimas de Núñez y los aspavientos de Gaspar sólo en el palco con toda la grada agitando un océano de pañuelos empapados en lágrimas. No, más de eso no, por favor.

No puede ser que con Rijkaard y con Pep no hayamos aprendido nada. No puede ser que todavía no hayamos extirpado el gen autodestructivo del adn blaugrana. Me resisto a pensar que por una mala racha (o dos) vayamos a replantearnos el ser o no ser.

Desde mi humilde opinión de culé que vive en Madrid, hay que dejar trabajar al Tata y aligerar la presión sobre el equipo, que bastante tendrán ya con su propio reconcome por la imagen que dieron en Holanda. Tomar el relevo de Pep y de un entrenador enfermo es una papeleta objetivamente muy complicada, y bastante bien se están apañando. Sin florituras técnicas, sin adornos de cara a la galería, pero con no poca épica (¡y buenos resultados!). Si no nos gusta el derrotero que toma el equipo, lo mejor es tomar nota y adoptar decisiones cuando toca, es decir al final de la temporada. Mientras tanto, este continuo akelarre técnico-táctico actuará como un yunque sobre las aspiraciones del equipo.

Nos hemos hartado de decir que lo de Pep no se repetiría. Aceptémoslo de una vez por todas, y demostremos la madurez suficiente para, sin olvidar las gestas pasadas, entablar una nueva etapa con amplitud de miras.

Y aparquemos las viejas rencillas internas porque, si no, esto del fútbol deja de tener gracia y pasa a ser una mierda más a añadir a las otras mierdas del panorama actual.

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vargas llosa

La buena noticia es que el aparato del Estado se toma en serio la “amenaza separatista”. La mala noticia es que hasta el momento habrá desplegado solamente un 20 por ciento de su potencial para contenerla.

El Estado reacciona con reflejos paquidérmicos, pero ello no debe confundir a nadie: el estruendo de su pisada retumbará en nuestros oídos y pondrá a prueba la firmeza de la voluntad de todos y cada uno de los independentistas de este país.

No nos creamos el discurso de los que nos prometen un sendero de negociación civilizada. España no ha basado nunca su fuerza en la capacidad de diálogo y el razonamiento. Sus armas han sido siempre las entrañas y la fuerza bruta.

Vargas Llosa ha aportado esta semana su visión del tema, que entronca perfectamente con la receta que propone tradicionalmente la metrópolis: “el nacionalismo pacífico no existe, hay que combatirlo sin complejos como al otro”. Es decir: da igual que en Cataluña haya habido un grupo terrorista o no, hay que aplastar sus demandas con la misma determinación, porque la razón no está de su parte. Como en las cruzadas: tiene derecho a matar aquél que tiene a Dios de su lado.

Que tengamos muy claro aquello a lo que nos enfrentamos. Vivir en Madrid permite tener una perspectiva muy clara de lo que está en juego: España no puede permitirse perder a Cataluña. Ni desde el punto de vista económico –que no es el más importante, a pesar de todo- ni desde el punto de vista simbólico. Lo ha dicho Vidal Quadras: “España sin Cataluña sería un cuerpo mutilado”.

Tenemos derecho a pedir lo que pedimos. España es un estado miembro de la UE y ya no puede lanzar al ejército contra una parte de su pueblo. Todo esto es cierto. Pero no es menos cierto que nos hemos propuesto dejar a un Estado sin su principal motor económico. Un Estado decadente, en crisis y sin autoestima. Pero capaz de dar todavía mucha guerra.

La respuesta a nuestras demandas no será ni razonada, ni democrática ni pacífica. Será por tierra, mar y aire. Aznar, Vargas Llosa, Vidal Quadras, desde un lado, y Rubalcaba, Bono y Corcuera desde el otro son solamente la artillería que allana el camino previo a la ofensiva.

Si alguien pensó que esto sería fácil, que se desengañe. Darle la puntilla a una vieja potencia colonial no se hará solamente con razones.

Uno de los efectos benéficos que va a tener el proceso soberanista en Catalunya va a a ser que a muchos, por fin, les va a caer la máscara. Y en algún caso, incluso los pantalones.

El derecho a decidir no admite medias tintas: estás a favor o en contra. Crees que Catalunya es sujeto político o crees que es una simple región. Crees que ser español merece pagar el precio que pagamos -no sólo económico-, o no.

Alguien que va a enseñarnos sus cartas al respecto, este mismo fin de semana, es Pere Navarro, el contorsionista de Terrassa. Y no moverá ficha en la dirección que le señalaría su progenitor, precisamente, sino en la contraria.

El motivo de crítica no es el fondo de su postura: tiene el PSC todo el derecho a ser una simple franquicia del PSOE, faltaría más. Puede incluso renunciar a ser un partido independiente, y pasar a ser una federación socialista más, como la de Madrid, por ejemplo. Ya sabrán entonces qué hacer los que les votaron en las últimas elecciones, cuando incluyeron el derecho a decidir en su programa electoral. Que hagan caso a Bono y a Corcuera, que han demostrado siempre saber lo que le conviene a Catalunya (para hacer exactamente lo contrario).

Navarro, pues, tiene todo el derecho a defender una Catalunya española. Lo que no entiendo tanto es el proceso que les ha llevado hasta aquí y su tradicional política sinuosa y oportunista. Ellos han acusado con razón a CiU de hacer “la puta i la ramoneta”, pero ellos, con perdón, han sido la más puta y la más ramoneta: en su relación con el país (ahora tiene derecho a decidir, ahora no porque se deja llevar por el mesiánico Mas) y en su relación con el socialismo español (que si tendamos la mano a la España fraternal, y ahora votemos en contra de lo que dice el grupo socialista).

Pero parece que este fin de semana, por fin, Navarro nos dirá lo que piensan en realidad. Y no será por un proceso de democracia interna, pactando con sus corrientes internas, o sometiendo a votación las distintas fórmulas políticas posibles. No, será con la amenaza previa de acallar las voces críticas para siempre, formulada por un tal Balmón, un tipo inquietante con maneras de pistolero salido de la semana trágica. Viva el debate interno. Y viva Stalin, también.

El giro, que no será tal porque nunca han conseguido esconder sus auténticas intenciones con respecto al derecho a decidir, se produce después de un pacto con Rubalcaba: el PSOE le da su apoyo a Navarro, retira su amenaza de crear una federación en Catalunya, pero el PSC renuncia para siempre al derecho a decidir. Previsible, ¿no? Dicho de otra manera: someter el debate sobre el interés general del país (¿cuando votar?) al mantenimiento de la “botigueta” política. No le toquéis el chiringuito que es su modus vivendi. Pequeño, ramplón y servil, pero el único espacio que le permite seguir existiendo como marioneta política. A navarro le han mostrado en qué pequeño patio trasero tiene derecho a estar, y él, feliz y contento, lamerá la mano de su dueño moviendo el rabito,

Por suerte en Catalunya a los recaderos del centro, por mucho disfraz “catalanista i d’esquerres” que lleven, ya hemos aprendido a identificarlos. Sólo deseo que los hasta hoy electores del PSC recuerden qué les ha prometido Navarro y qué ha terminado haciendo. Que lo incluyan en la ya larga lista de políticos que, una y otra vez, son capaces de pasarse el mandato electoral por el arco de triunfo y que prefieren correr a bajarse los pantalones antes que defender sus compromisos.

canal 9

Tal y como está mi profesión, pronto tendremos que taparnos los ojos con una banda negra cuando salgamos por televisión y admitir, avergonzados, que somos periodistas. Madre mía qué temporada más negra para el gremio.
Todo empezó con la presentadora de Intereconomía Carmen Baños que, después de leer un paso a video manifestó, sin saber que tenía el micro abierto, su “total disconformidad” con lo que acababa de leer. Y te preguntas inocentemente: “¿y por qué lo lees?”. Y aún más: “y una vez que todos sabemos ya que no compartes lo que lees, ¿por qué no dimites?”. Será que para algunos compañeros lo de la objetividad y el código deontológico son solamente molestas consideraciones segundarias en comparación con lo principal: seguir percibiendo puntualmente la nómina.

Algo, por cierto, bastante heroico en Intereconomía, que no paga regularmente a sus trabajadores desde hace meses. Estos incluso –y no es una exageración ni una invención- han tenido que traerse durante semanas el papel higiénico de sus casas porque su empresa no alcanzaba ni para eso. Después de acumular numerosos retrasos en los pagos, los responsables del canal convocaron recientemente a todos los trabajadores no para anunciarles que iban a saldar su deuda, sino para comunicarles un nuevo aplazamiento hasta finales de año. “Me quedo porque no tengo donde ir”, me confesó uno de ellos.

Luego pasó lo de Canal 9, un batacazo para los medios de comunicación públicos españoles. Los profesionales de la cadena, cuando se han visto de patitas en la calle, han empezado a hablar claro: manipulación informativa, coacciones para silenciar este o aquél dato incómodo, planos cerrados para disimular las calvas en las manifestaciones afines… La miseria habitual de cualquier medio sometido a un dictado político o empresarial, que son… ¿todos? Pero parece que solamente cuando uno no tiene nada que perder es cuando se ve con fuerzas para ser un periodista de raza.

En la profesión no ha sentado nada bien el cierre de Canal 9, por el impacto social que tiene dejar a más de mil familias en el paro ni por el impacto político de cercenar el derecho de los valencianos a informarse de lo que ocurre en su comunidad, en su lengua, a través de un medio público. Pero también ha incomodado entre mis compañeros la forma en la que ha reaccionado parte de la plantilla, destapando ahora todo el pastel de la manipulación, incluso en un tema tan grave como el del accidente en el metro de Valencia. “¡Antes había que hablar!”, se exclamaba esta semana en las redacciones. No en balde Canal 9 triplicó la audiencia el día en que sus trabajadores tomaron el mando y empezaron a denunciar los excesos de sus ya dimitidos jefes.

Luego he leído a Anna Grau, columnista de ABC que antiguamente fue delegada del diario AVUI aquí en Madrid. Anna carga contra la periodista de Canal 9 que ha denunciado la manipulación de su medio, y cuenta a su vez que ella ha sido manipulada en la tertulias de TV3, donde antes de salir al plató le cantaban los temas que se iban a debatir (algo tan aberrante como comer escudella i carn d’olla el dia de Navidad, por poner un caso).

Anna Grau también cuenta que dejó de colaborar con el diari Ara, con el que yo colaboro también de vez en cuando, porque le censuraron un artículo. Me he leído el artículo de la discordia. En él, Anna cuenta un desagradable episodio con una señora negra en un autobús de Nueva York cuando ella vivió allí. La conclusión del artículo viene a ser que algunos negros han adoptado las peores actitudes de los blancos racistas, y que actúan con resentimiento contra todos los blancos sin distinción. Parece ser, según ella, que en el Ara le dijeron que el lector no terminaría de entender esa opinión.

No sé qué pasó ni lo he preguntado. Conozco a Anna desde hace años, y me ha sorprendido un poco que ahora se defina en ABC como “española sin complejos”. Cuando yo la traté, siendo delegada de Avui en Madrid e incluso antes, no iba de este palo. Pero tiene todo el derecho a sentirse ahora como quiera, faltaría más.

Lo que no veo tan bien es que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, ahora se sume a la oleada de opiniones que, ante la intención de Catalunya de caminar sola expresada por primera vez con voz firme, califican al soberanismo de expresión miope y pueblerina, y le atribuyen todos los males del control político de los medios de comunicación. Anna sabe que en Catalunya había tanta censura en los medios controlados por Convergencia como en los que estaban bajo el yugo del PSC, y del PP cuando éste ha estado en la Moncloa. Y si no, que le pregunte a su amiga (y mía) Esther Jaén lo que era Ràdio Barcelona de la SER o COM Ràdio en las épocas duras del socialismo catalán. No nos hagamos trampas al solitario, que aquí nos conocemos todos.

Yo he trabajado en AVUI, Catalunya Ràdio, TV3, diari Ara, La Vanguardia, El Mundo Deportivo, Telemadrid, Telecinco, Cuatro, la Sexta y Antena 3. En todos los medios ocurren cosas que pueden llevar al profesional de la información a plantearse conflictos éticos. En todos ellos –salvo en el Ara, de momento- he encontrado a jefes con más ganas de la cuenta de agradar a sus superiores. Cualquier ideología política puede ser útil a los amantes de la escalada profesional. Y eso no tiene nada que ver con el país ni con su voluntad de ser o de dejar de ser un sujeto de soberanía.

Ya vale de ventajismos y de disparar contra el más débil amparados por el poderoso aparato de Estado. En este juego no es lo mismo ser soberanista que ser unionista, porque los efectivos en uno y en otro lado no son comparables. Dice Anna en su artículo que cualquier periodista con años de experiencia ha sufrido intentos de dirigismo político que han puesto a prueba su ética profesional. Algunos sucumben a la primera y otros resisten hasta el final. Pero no saquemos conclusiones generales en función del último que nos ha perjudicado, porque a lo mejor estamos haciendo un flaco favor a nuestra objetividad. Y más cuando escribes en el ABC, uno de los libelos anticatalanes que con más fiereza han atacado históricamente la convivencia en nuestro país desde la atalaya del centro y con el fuego de cobertura de todo el aparataje españolista.

Tan dañino para la objetividad es un censor como un periodista tramposo.

godó

Prestemos mucha atención a los sectores que, desde Catalunya, han iniciado una ofensiva mediática en favor de un un giro moderador del proceso soberanista. Como si la oleada cívica que vivimos en Catalunya, la fuerza tranquila de la calle expresada pacífica y democráticamente, precisase de moderación alguna. Dice Enric Juliana en La Vanguardia que “hay gente que tiene miedo de una inteligente moderación catalana”. Y yo le respondería que más preocupante me parece la gente que, como él, tienen miedo de escuchar lo que pide la calle. Porque lo que demuestra ser es un demócrata de salón, un déspota ilustrado con manguitos, apartado del ruido callejero y encerrado en su sala de operaciones conspiradoras.

Veamos quien está detrás de este dribling táctico, porque a lo mejor sus intereses reales están muy alejados de aquello que aseguran defender. ¿A qué aspiran realmente los de la tercera vía y qué influencia real tienen sobre Artur Mas y Oriol Junqueras?

Desde el famoso editorial de La Vanguardia en demanda de moderación en Catalunya, es evidente que el grupo Godó de comunicación ha iniciado una deriva que pretende apostar por una tercera vía que divida prematuramente el bloque soberanista. En algún momento esta fractura tenía que ocurrir, ya que no todos los partidarios del derecho a decidir iban a votar que sí en un referéndum por la independencia. La pregunta es: ¿por qué abrir ahora este debate, cuando todavía no hemos llegado al momento de votar?

En cualquier negociación -y ahora estamos metidos hasta el cuello en la más decisiva en la historia de nuestro país- es de cajón que hay que mantener la cohesión hasta el último momento, y no rebajar las exigencias hasta que, eventualmente, el otro lado se mueva de forma significativa y ofrezca una salida digna, que cumpla los mínimos exigibles a estas alturas del proceso. Si se mueven. Y si no, hay que seguir hasta el final, porque nos asiste toda la razón de pedir lo que pedimos, tras 300 años de buscar la tercera vía de la convivencia peninsular como si del santo grial se tratase.
¿Por qué un grupo mediático tan importante como el grupo Godó se adelanta ahora para romper la estrategia unitaria, echar agua al vino de las reivindicaciones, e intentar cobrar ya beneficios del movimiento social soberanista como si todo fuese el fruto de una estrategia para subir un peldañito más en nuestra travesía del desierto autonomista?

Cuando el rey Juan Carlos se traslada a Barcelona en alguno de sus más o menos confesables viajes privados a Barcelona se aloja en casa del Conde de Godó. Cuando ha tenido que ofrecer alguna cena privada a personalidades extranjeras, lo ha hecho en el comedor del conde de Godó. Y cuando el monarca ha comprobado por televisión el éxito de convocatoria de la Assemblea Nacional de Catalunya, el primer teléfono que ha descolgado para vomitar su indignación ha sido el del Conde de Godó. Y está claro que tanta presión regia están causando mella en el grande de España.

La Vanguardia, un transatlántico gobernado respetando un complicado equilibrio de poderes, tiene la increíble capacidad de mudar de piel sin aparente sobresalto. Últimamente se adivina claramente, detrás de su línea editorial, el argumentario de los sectores partidarios de renunciar ya a la independencia para buscar una nueva solución de “peix al cove”. Más vale pájaro autonomista en mano que ciento independientes volando, vendrían a decirnos.

Y lo que más irrita es la forma en que lo hacen: con ese tono condescendiente y pedante, citándonos a Gramsci (“la ilusión es la mala hierba más tenaz de la conciencia colectiva. La historia enseña pero no tiene alumnos”), como aquel padre gordinflón y aburguesado que da lecciones de sentido práctico a sus atolondrados vástagos. Pero, ¿por quién nos han tomado estos señoritingos entreguistas? Son los altavoces del centralismo en Catalunya de siempre, ahora disfrazados de dialogantes y moderados.

Que no nos vendan películas: su rumbo no lo marca el “seny”, sino la monarquía española y sus fuerzas más centralizadoras a través del conde de Godó, su brazo ejecutor en Catalunya junto con el máximo mandatario del grupo Planeta. Finalmente las fuerzas vivas de la comunicación en Cataluña reorientan sus cañones del lado hacia el que siempre han apuntado, y ahora empezarán con sus disparos machacones.
¿Y Más qué dice a todo esto? A nadie se le escapa que el president juega un papel clave en el proceso de Catalunya hacia la independencia. Cuando todavía no se había producido la primera de las grandes manifestaciones soberanistas, Mas visitó Madrid para defender en el Forum Europa la propuesta de pacto fiscal con la que concurriría a la reelección. Ante la flor y nata del empresariado madrileño, entre los vetustos muros del hotel Ritz, Mas avisó de lo que venía y habló por primera vez -que yo recuerde- del concepto de transición nacional hacia lo que Catalunya quisiese ser.

Como siempre que a los políticos de la Villa y Corte les pasa por delante un elefante rosa con gorro de ducha, resultó que estaban todos mirando al tendido. Nadie se enteró de la película. Hasta un par de años después, ante la imagen de un millón y medio de catalanes en una cadena humana de 400 kilómetros, no han caído en la cuenta de que algo realmente está pasando.

Quiero decir que hasta la fecha Mas ha ido avisando, paso por paso, de un proceso que no está liderando pero si intentando gestionar como buenamente puede. No se sabe si a lomos del caballo o a rastras detrás de él. Pero lo cierto es que ha conseguido que en Madrid olviden al peor ogro conocido desde Macià y Companys, que fue el Lucifer de Cambrils, Josep Lluis Carod Rovira.

Él ha dicho que prefería inmolarse como un mártir antes que quedar como un traidor. Tiene ahora la oportunidad de demostrarlo y de ignorar los cantos de sirena de las terceras vías inexistentes y de los falaces moderadores. Mientras siga hacia adelante, caminaremos a su lado. Si no, lo dejaremos atrás. Porque tengo más fe en el millón y medio de personas que salieron a darse la mano el pasado 11 de septiembre que en todos los políticos y periodistas que han gestionado el nauseabundo autonomismo hasta la fecha de hoy. Estos ya no engañan a nadie.