tata

De verdad que hay veces que el barcelonismo, visto desde la distancia, alcanza el paroxismo más absoluto. Perder un partido arroja al club y elementos aledaños dentro de una espiral de autocontemplación y ombliguismo, a la vez que vierte gasolina sobre el fuego de la guerra interna. ¿Les suena la canción?

Lo peor de todo es que en los programas deportivos aparecen como hongos los especialistas que diseccionan el juego del equipo para desarrollar una amplia panoplia de teorías. Teorías que sabemos positivamente que cambiarán de semana en semana en función del último resultado.

O el Barça no da para tanto o hay demasiados programas deportivos. Pero lo que está claro es que no se puede sacar tanto zumo de este limón sin dejarlo liofilizado. Por favor, levantemos al equipo del diván o acabarán todos más locos que Alves en una montaña rusa.

¿El seguidor del Barça se merece este infierno? ¿El histerismo del entorno es fruto de la personalidad colectiva del culé, o es al revés? ¿Fue primero el huevo o la gallina? La pregunta parece una tontería, pero no lo es tanto a la luz de lo que, según mi modesta opinión, tenemos que plantearnos ahora.

La cuestión es que si apelamos a la memoria histórica, y tampoco hace falta retroceder mucho en el tiempo, creo que todos los barcelonistas coincidiremos que no hay necesidad de retomar antiguas sendas. Yo todavía tengo pesadillas con lo de la final de Sevilla frente al Steaua y el motín del Hesperia, las lágrimas de Núñez y los aspavientos de Gaspar sólo en el palco con toda la grada agitando un océano de pañuelos empapados en lágrimas. No, más de eso no, por favor.

No puede ser que con Rijkaard y con Pep no hayamos aprendido nada. No puede ser que todavía no hayamos extirpado el gen autodestructivo del adn blaugrana. Me resisto a pensar que por una mala racha (o dos) vayamos a replantearnos el ser o no ser.

Desde mi humilde opinión de culé que vive en Madrid, hay que dejar trabajar al Tata y aligerar la presión sobre el equipo, que bastante tendrán ya con su propio reconcome por la imagen que dieron en Holanda. Tomar el relevo de Pep y de un entrenador enfermo es una papeleta objetivamente muy complicada, y bastante bien se están apañando. Sin florituras técnicas, sin adornos de cara a la galería, pero con no poca épica (¡y buenos resultados!). Si no nos gusta el derrotero que toma el equipo, lo mejor es tomar nota y adoptar decisiones cuando toca, es decir al final de la temporada. Mientras tanto, este continuo akelarre técnico-táctico actuará como un yunque sobre las aspiraciones del equipo.

Nos hemos hartado de decir que lo de Pep no se repetiría. Aceptémoslo de una vez por todas, y demostremos la madurez suficiente para, sin olvidar las gestas pasadas, entablar una nueva etapa con amplitud de miras.

Y aparquemos las viejas rencillas internas porque, si no, esto del fútbol deja de tener gracia y pasa a ser una mierda más a añadir a las otras mierdas del panorama actual.

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