En respuesta a mi último post, en el que contraponía la movilización social en Cataluña con la abulia de la ciudadanía en la capital del reino, recibo este comentario:

“Carles esta vez no puedo estar más en desacuerdo.
Vamos a ver: que cimientes toda una entrada en la patética tertulia deportiva local madrileña de ondacero, resultará inevitablemente en el colapso total del comentario. Y es precisamente por eso. Los tertulianos periodistas de local de Madrid de ondacero son esbirros florentinistas, sin más criterio que el de servir al ser superior y de una mediocridad alarmante para las escuelas de periodismo de donde se han escapado. Pero de ahí a glosar la rebeldía del Barsa (por cierto tengo entendido que Franco recibió la medalla de honor del club en agradecimiento por las recalificaciones para construir el palau blaugrana) y por extensión de los catalanes frente al poder establecido comparándolas con el histórico conformismo castellano hay más de tres pueblos. Sirvan como recordatorio del nada conformista pueblo castellano los siguientes eventos: comuneros contra Carlos I, motín de esquilache, motín de Mostoles contra Napoleón…, o el último en Burgos. Gamonal.
Saludos compañero”

Carlos! Por lo menos te tengo que dar gracias por leerme. Conociéndote, me conmueve que albergues siquiera la esperanza de estar de acuerdo conmigo en algo…

Es verdad que no se puede sustentar todo el razonamiento en lo que digan los esbirros de Florentino Pérez. De hecho, no se puede sustentar en nada que se escuche en ningún medio capitalino,porque el ser superior tiene secuaces en todas partes. Digamos que el comentario del periodista actuó como detonante, no como cimiento de todo el artículo. Como base del razonamiento podría valer cualquiera de estos hechos: que después de gastarse lo que se ha gastado la actual junta del Real Madrid y habiendo ganado el año pasado…¿nada?… Don Florentino se presente a las elecciones sin contrincante. Que el presidente reforme sin oposición los Estatutos para encorsetar todavía más la ya anquilosada vida democrática del club. O bien que nadie en el Madrid, entorno, y prensa “libre” capitalina, haya preguntado de donde viene el pastizal que costó Bale. Sólo Piqué preguntó, y le cayó la del pulpo.

Para rebatir que el Barça fuese un club antifranquista, entresacas de su historia el episodio de la medalla de oro al caudillo. En su libro de memorias, el ex presidente barcelonista Agustí Montal, que presidía la junta del club por aquél entonces, relata cómo fueron los hechos: la peña barcelonista de Manresa, una de las de más solera, organizó un encuentro de peñas en el monasterio de Montserrat. El club decidió otorgarle a dicha peña, en reconocimiento a su iniciativa, la medalla de oro. Pero Montal recibió la llamada del Delegado Nacional de Deportes, Juan Gich, que le dijo textualmente: “Ni se os ocurra darle a nadie ninguna condecoración antes que al caudillo”. Y así fue. Así tuvo que ser.

En cambio, si para demostrar el carácter rebelde del pueblo castellano nos tenemos que remontar a los comuneros, el motín de Esquilache o el de Móstoles, creo que mi tesis sobre el talante sumiso del castellano queda definitivamente refrendada. ¡Ah, no! Me olvidaba de Gamonal. Pero… ¿no dijo el ayuntamiento de Burgos que los alborotadores venían de fuera? Serían algunos vascos o catalanes, que son unos revoltosos incansables.

Insisto: para mi, la sociedad castellana es hoy en día una masa adormilada a merced de la casta política. No hay signos de vida. No hay latido social. Gallardón deja la ciudad arruinada en manos de Ana Botella, cuya inoperancia ha quedado patente, al menos, en el desastre del Madrid Arena y en el tropezón de los Juegos Olímpicos. En la comunidad, Doña Esperanza Aguirre accedió al cargo después del tamayazo, el golpe de Estado más evidente -e impune- que se ha conocido en democracia desde el tejerazo. La presidenta, cuyo gran proyecto privatizador de la Sanidad acaba de saltar por los aires, dejó en su puesto a un señor que se olvida de declarar al fisco sus propiedades. y las encuestas siguen dando al Pp ventaja en ambos flancos. Y no seré yo quien diga que el comunero salvador vaya a ser Tomás Gómez. Si este es el Che Guevara de la meseta, la casta oligarca puede seguir dormitando placenteramente.

Como siempre, un placer debatir contigo desde las antípodas del pensamiento político. Un abrazo compañero.

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