Un importante empresario catalán, Josep Lluís Bonet (Freixenet), ha salido a la palestra para decir que Cataluña debería permanecer para siempre en España. Y, en un brindis simbólico con él, Duran i Lleida ha negado el carácter plebiscitario a las próximas elecciones autonómicas.

Sabemos que Bonet y Duran consideran que sería desastroso para Catalunya convertirse en un Estado más de la Unión Europea. El presidente de Freixenet dice más. Se pregunta: “Este país, en su conjunto, ¿cuando ha estado mejor que ahora?”.

Es totalmente legítimo estar en contra de la independencia, faltaría más. Un gran empresario nunca deseará que se altere el marco administrativo en el que se desenvuelve. Los intereses económicos y comerciales siempre han sido enemigos de las transformaciones sociales. Eso nos lo sabemos. Y hasta se puede comprender. Para eso se inventó la democracia, para que los intereses de unos pocos empresarios no pesen más que los anhelos de las mayorías sociales.

Lo que se echa en falta en las declaraciones del señor Bonet es una mínima atención a lo que puede estar demandando una parte nada desdeñable del país en el que su empresa ha nacido y crecido exponencialmente. Cierto es que las grandes empresas catalanas aplaudieron y sostuvieron a la dictadura franquista. No esperemos ahora que enarbolen, entusiastas, la estelada. Pero después de 35 años de vivir en democracia era de esperar que hubiesen cultivado un poquito más su sensibilidad hacia las demandas de la calle.

Duran Lleida dijo que se iba pero parece que antes nos quiere deleitar con algunos “bises” de final de actuación. Y uno de ellos será poner todas las zancadillas que pueda al proceso soberanista. Considera que, tal como se van a plantear, las elecciones autonómicas no podrán servir para que los catalanes se manifiesten sobre si quieren permanecer o no dentro del estado español.

He escuchado atentamente si después de esta negación Duran nos ofrecía una receta milagrosa, una propuesta en positivo. Pero… ¡qué chasco! Artur Mas, al menos, propuso la transferencia de competencias, el referéndum no vinculante, el proceso consultivo y ahora las autonómicas plebiscitarias. Así que Duran pierde por un rotundo 4 a 0 y debería activar cuanto antes sus anunciados planes de repliegue.

Tanto Duran como Bonet deberían pensar que no solamente están dando la espalda a la opción independentista, sino a todos aquellos electores y clientes, respectivamente, que piden votar con garantías y que su voto tenga consecuencias en la realidad. Es decir, que piden ejercer la democracia.

La derecha catalana y los grandes empresarios supieron vivir (bien) bajo una dictadura militar. Seguro que encontrarán la manera de hacerlo, algún día, bajo una república nueva nacida de la voluntad popular.

Anuncios