He tenido, por motivos que no vienen a cuento, la ocasión de asistir a un pase privado del documental “La Rosa de Fuego”, dirigido por Manuel Huerga y producido por Mediapro. El del documental siempre ha sido un género que me ha encantado. Y de hecho, es de los pocos géneros de los que se puede decir que tiene pasado, presente y futuro.

El documental en cuestión es una visión panorámica de Barcelona. Retrata su geografía física y política en el momento actual pero también en algún pasaje histórico. Está rodado en 3D tanto en la forma como en el fondo, porque no solamente ofrece una visión tridimensional de los monumentos, calles, avenidas, y locales sino que también del momento socio-político en el que nos encontramos.

Aparecen las manifestaciones soberanistas, las del 15-M, las celebraciones barcelonistas e incluso los conciertos del Fórum o del Club Super 3. Las grandes concentraciones humanas se entremezclan con pequeñas tramas particulares, como la de la chica japonesa que cambia a su novio, canoso y malhumorado, por un joven y apuesto camarero todo sonrisas. ¿Una metáfora del proceso soberanista que vive Catalunya?.

La voz en off (Serrat en castellano, Guardiola en catalán y Woody Allen en inglés, todo un tridente al estilo Neymar-Suárez-Messi) revolotea, como el propio objetivo de la cámara, entre las tres dimensiones básicas de la ciudad: su gente, sus tradiciones y sus anhelos. Las piedras, el asfalto, los edificios, las montañas y el mar no son más que el marco que realza este inmenso fresco de emociones que va y vuelve del pasado al futuro pasando por un trepidante presente.

Es un reto gigante explicar Barcelona en 100 minutos y Huerga, bajo mi opinión, lo consigue. Transmite lo más importante: la pasión que conecta a los habitantes de esta ciudad, a los que llevan generaciones felizmente anclados en ella y los que acaban de llegar.

Según la voz en off, “Barcelona tiene algo especial”, que es algo que sabemos todos los que la conocemos y amamos, aunque solo unos pocos sean capaces de convertir esta íntima convicción en palabras.

Viendo el documental me acordé muchas veces de Ciutat Morta, otro trabajo audiovisual sobre la capital catalana que ha llegado recientemente a la gran pantalla. Son dos largometrajes que nada tienen que ver ni en planteamiento inicial ni en objetivos. Pero tienen en común que pretenden proyectar una imagen de Barcelona. Y en algunos momentos, la Rosa de Fuego, aunque empezó a rodarse mucho antes, parecía una respuesta a Ciutat Morta.

El documental de Mediapro es una bocanada de aire fresco, es una inyección de ilusión. Transmite ganas de pisar la calle, de encontrarse con los barceloneses, de protestar y quejarse pero también de construir y celebrar.

Se agradece que de vez en cuando haya alguien remando para seguir avanzando y no para retroceder recordando -y amplificando de paso- las rémoras, los obstáculos y las penalidades.

No quiero decir que no deban existir trabajos audiovisuales como Ciutat Morta. Aplaudo el esfuerzo casi heróico de sus autores para conseguir rodar, montar y distribuir la película. Pero celebro también que, aparte de constatar nuestras miserias, algunos se esfuercen por hacernos ver que también se han hecho algunas cosas bien.

Me imagino que habrá personas que saldrán de ver La Rosa de Fuego diciendo que muestra un reflejo buenista de la ciudad, que le faltan referencias a los casos de violencia policial, a los desahucios de ciudadanos corrientes -y contribuyentes- y también de okupas, a los casos de corrupción que han sacudido la ciudad, al oleaje erosivo de los turistas en manada, a los ruidos en determinados barrios o al alza estratosférica del precio de la vivienda, por citar sólo algunas de nuestras consabidas sombras.

Pero yo, qué quieren que les diga, antes que torturarme con una visión de Barcelona que parece sacada de un cuadro de la época negra de Goya, prefiero reconciliarme por fin con ella. Agradezco a Huerga y a Mediapro dos cosas: que sigan invirtiendo en documentales por un lado, y por el otro que favorezcan una mirada positiva, aunque sea una sola, sobre esta ciudad.

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