Archivos para el mes de: septiembre, 2015

Con muy buena fe (¿demasiada?), colgué la semana pasada un post titulado “a mi amigo” en el que exaltaba la buena disposición de personas de mi entorno, en Madrid, para entender y atender determinadas reivindicaciones de Catalunya. Venía a decir que a lo mejor no todo estaba perdido en la relación entre Catalunya y España…

Pero esta semana un encuentro en la tercera fase me ha puesto cara a cara con otra realidad.

Fue una conversación privada durante una fiesta con una persona que todos ustedes conocen, un contertulio televisivo muy popular (dicho con toda la mala intención) que en distintas ocasiones se ha significado por tener opiniones bastante explosivas respecto a Catalunya.

La fiesta estaba empezando, así que mi interlocutor no tenía ni la excusa de un alto nivel etílico.

Por ser una conversación privada no voy a revelar el nombre de esta persona. Pero creo que para tener una visión panorámica de las opiniones que se escuchan en Madrid estos días merecía la pena reproducirla aquí.

Interlocutor – Qué, traes el pasaporte?

Yo- No, me lo están haciendo. Cuando esté listo te lo mostraré, te va a encantar.

I – ¿Ah sí? Bueno. Y en qué Liga váis a jugar, porque en la española no…

Yo – Ya, la española os la dejaremos para los del Madrid, a ver si así ganáis algo.

I – Será que no hemos ganado nada en los últimos trenta años…

Yo – Bueno, hace treinta años ganábais más que ahora.

I – Y qué crees que va a pasar el día 27?

Yo – Nada, no pasará nada. Se verá cuantos somos los que nos queremos ir, y ya está. De momento.

I – Pero qué queréis conseguir, si sois sólo 800 mil?

Yo – ¡Ah, que tú nos has contado ya! Espérate al 27 por la noche, hombre…

I – Pero a ver, vosotros ¿qué queréis? ¿Qué pedís?

Yo – Una relación de tú a tú con el Estado, por de pronto.

I – Eso no puede ser, porque no estáis solos en España.

Yo – Claro, pues por eso nos queremos ir.

I – Ya, pero para conseguir eso, hay que estar dispuesto a morir y matar. ¿Vás a morir y matar?

Yo – No, amigo. No va a haber ni un solo tiro, sólo un movimiento pacífico y popular.

I – No tan pacífico. ¿Tu crees que yo puedo pasearme por Barcelona sin temor a que me agredan?

Yo – Tú no puedes ni pasearte por Madrid tranquilamente, con las cosas que has dicho por la tele. ¿Tú crees que si yo hubiese defendido la independencia por la tele podría pasearme tranquilamente por la Castellana?

I – Aquí estás, ¿no?

Yo – Si hombre, porque la mayoría de estos no saben lo que pienso, si no igual me echan a hostias.

I – Lo único que habéis conseguido es romper Cataluña, habéis hundido a Cataluña.

Yo – Sí claro, con vuestro permiso. Estáis muy locos si creéis que amenazando vais a conseguir acojonarnos ya. Mandad los tanques, que se van a comer una buena mierda (aqui ya el tono dejó de ser de compadreo).

I – Siempre estáis con los tanques.

Yo – Claro coño, ¿no me decías que querías morir y matar? ¿Pues cómo pensáis hacerlo? ¿A pellizcos?

I – Vaís de pacíficos y no es cierto, hay mucha división y violencia en Catalunya.

Yo – Veo que conoces Catalunya a fondo.

I – No váis a conseguir nada, es imposible.

Yo – Eso lo veremos, al menos vamos a intentarlo. Y la prepotencia de gente como tú nos está ayudando bastante, la verdad.

Os aseguro que esta fue la literalidad de la conversación.

De la misma forma que la semana pasada yo albergaba algún optimismo, hoy lo veo negro.

Este domingo, hay que responderle a este señor de la mejor forma. Votando.

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Últimamente se oyen por Madrid, nuestra ciudad de adopción, muchos mensajes apocalípticos. Sé que no necesitas explicaciones, porque está todo más que hablado entre tú y yo sobre la cuestión nacional. Pero aún así he querido aclarar algunos puntos por escrito, para que no te quede ninguna duda.

Para empezar, una obviedad: a pesar del lenguaje empleado por algunos mandatarios y periodistas capitalinos, no va a pasar nada traumático. Y mucho menos nada que afecte a nuestra amistad.

No sé de ninguna amistad que se haya terminado por tener una frontera administrativa de por medio. Aunque surja una frontera más, no habrá ni una amistad menos.

Hemos hablado una infinidad de veces de la relación entre Catalunya y España. Ambos nos sentimos muy distantes de cualquier nacionalismo excluyente o de imposición. También de los patriotismos exacerbados. Le damos a nuestro país el valor que tiene. Cada cuál tiene el suyo, y ello no es motivo de exaltación ni de riña.

Entiendes que la relación entre Catalunya y España nunca ha sido fluida. Entiendes que principalmente el PP, pero también el PSOE y el nacionalismo autonomista, han intentado sacar rédito electoral de ese desencaje. Entiendes que el quebranto de legitimidad democrática a raíz del Estatut nos llevó a una situación insostenible. Una vez más bajo la presión de los estrategas electorales del PP. Recuerda que íbamos juntos por la calle cuando nos pedían firmas “contra los catalanes”. Y entiendes por fin que, desde entonces, la propia lógica del radicalismo democrático nos lleve a pedir la superación del actual marco legal.

Porque en el fondo, y también está más que hablado contigo, estamos (aunque no lo parezca) en el mismo barco. Nuestros hermanos mayores se consideraban ciudadanos del mundo. Nosotros, tú y yo, decimos que pertenecemos a la nación de los que quieren tener el control sobre su propio futuro. Y queremos hacerlo de la única forma conocida de evitar el totalitarismo: votando.

Mi miedo es el mismo que el tuyo: que unos pocos secuestren con nocturnidad la voluntad de una mayoría. Que un sistema basado en el esclerótico poder de los partidos se lleve por delante la legitimidad democrática. Que en unos pocos despachos se diseñe nuestro futuro colectivo.

La revolución democrática que sacude Catalunya está empezando a hacer lo propio en España. Es cuestión de tiempo. La ceguera de los dirigentes es la mayor garantía de que nuestros pueblos volverán algún día a encontrarse en el camino. Siempre que ambos, libremente, así lo deseen.

Tú y yo, mientras tanto, seguiremos yendo libremente de cañas por Madrid y arreglando a España y a Catalunya.