1- El soberanismo se ha plantado en el referéndum en una posición inmejorable para conseguir sus objetivos. Llegan cohesionados como nunca, sin haber caído en ninguna provocación, movilizados y esperanzados.

2- El Estado ha cometido infinidad de errores que se han ido sumando al pecado original de la falta de diálogo. El PP paga caros ahora los constantes derrapes en su política territorial.

3- A pesar de ello, la solidaridad en Madrid hacia el movimiento soberanista ha sido y es prácticamente inexistente. Sectores muy minoritarios han manifestado su apoyo, otros su categórica oposición, mientras la famosa mayoría silenciosa hace lo que la caracteriza: callar.

4- No hay ningún indicio en la política española que permita pensar en un cambio de sensibilidad respecto a las demandas catalanas a corto o medio plazo. Hoy, 30 de Septiembre del 2017, sigue siendo cosa de ilusos pretender modificar la Constitución en un sentido favorable a los intereses que han manifestado la mayoría de catalanes. La mayoría de catalanes quiere algo opuesto a lo que quieren la mayoría de españoles.

5- Al contrario, estamos más bien en puertas de vivir un rebrote nacionalista español en respuesta a la crisis catalana. El PP, preso en la pinza formada por la ultraderecha y por Ciudadanos, está cada vez más dispuesto a liderar una refundación neocentralista del Estado que pase por una recuperación significativa de las competencias. Lo veremos.

6- El discurso de Podemos, surgido de un 15-M muy permeable al derecho a decidir y a los instrumentos de democracia directa, vira cada día más hacia posiciones homologables con los partidos de toda la vida. Si sigue este transformismo político, es muy probable que en un par de elecciones más ya no quede nada de aquellas demandas ciudadanas en las plazas de España.

7- El autonomismo de la antigua Convergència i Unió en Madrid no está, ni se le espera, ni -lo que es más significativo- se le busca. Salvo la enésima tentativa frustrada de Antoni Fernández Teixidó de convertirse en… algo. Durante los últimos años no ha habido ni un intento serio de articular un revival del pensamiento y estrategia de Miquel Roca o de Josep Antoni Duran Lleida. La tercera via alberga un convoy anticuado y descencijado.

8- En Madrid han aparecido multitud de banderas españolas en los balcones un mes antes del 12 de octubre. Pero no hemos oído -de momento- a ningún general chusquero llamando a la intervención de los tanques. Quizás el nacionalismo español abandona los cuarteles y aterriza en las calles. Bienvenido.

9- Los españoles jóvenes no están a favor del derecho de autodeterminación de Cataluña, pero no tienen una posición tan esencialista respecto a la unidad de España. Uno me dijo el otro día: “Estoy a favor de que votéis, pero me apetece que Cataluña siga siendo España”. Es un cambio.

10- Si se reorientase hoy mismo el discurso oficial en Madrid y se empezase a hacer pedagogía efectiva y no nominal de la plurinacionalidad del Estado, quizás en 20 años más veríamos algún cambio significativo en el sistema español de partidos. De momento, en 2017, dicen las mismas cosas que decían el día después de morir Franco.

Mi opinión personal: vayamos tirando y, si eso, volvemos a hablar cuando las cosas hayan cambiado en la España fraternal. De momento, a votar y a votar que .

 

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