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1 – Catalunya es un país donde la gente vive oprimida por sus mayorías parlamentarias.

2 – Catalunya es un país donde todos los niños son discriminados en la escuela. Unos, por tener que aprender una lengua que no es su lengua materna, y otros por no poder aprender bien la lengua oficial de todos los españoles.

3 – Catalunya es un país donde la gente se ha inventado una lengua sólo para que no les entiendan los demás, y que usan incluso en casa.

4 – Catalunya es un país donde la mitad de la población es perseguida por la otra mitad por hablar en otra lengua.

5 – Catalunya es un país donde las familias han dejado de comer juntas en Navidad por sus discrepancias políticas.

6 – Catalunya es un país donde la burguesía sólo defiende sus intereses y cambia de chaqueta en función de quien gobierna.

7 – Catalunya es un país donde los políticos roban.

8 – Catalunya es un país que cada año inventa movilizaciones sociales inexistentes.

9 – Catalunya es un país donde la mayoría no se manifiesta por miedo a la minoría.

10 – Catalunya es un país que quiere tener una selección nacional de fútbol sólo para jugar contra la de España.

11 – Catalunya es un país donde el presidente está preso de los antisistema y, además, tiene un nombre impronunciable.

12 – Catalunya es un país que tiene que pedir dinero prestado porque no sabe gestionar sus recursos.

13 – Catalunya es un país que en vez de agradecer las inversiones que recibe se dedica a protestar por las deficiencias en sus infraestructuras viarias y de transporte.

14 – Catalunya es un país que recibió mucha ayuda de Franco y ahora se considera parte del bando que perdió la guerra civil.

15 – Catalunya es un país que, a pesar de ser tan horrible como es, nunca dejará de formar parte de España.

 

1 – La monarquía, no refrendada por los ciudadanos ni responsable ante la justicia.

2 – La falta de cariño institucional hacia los perdedores de la guerra civil.

3 – Un Tribunal Constitucional controlado por su ala más conservadora.

4 – Una Constitución aprobada por miedo a los militares.

5 – La interpretación siempre restrictiva de la Constitución en materia autonómica.

6 – La falta de interés en llegar al fondo de la trama de los GAL.

7 – La existencia de una doble trama corrupta dentro del Cuerpo Nacional de Policía.

8 – Las comisiones parlamentarias de investigación que sólo sirven para crear más confusión.

9 – Un poder judicial que ha tardado 30 años en atacar la corrupción política.

10 – Una educación pública o concertada que nunca ha conseguido ser laica.

11 – Una política autonómica que penaliza fiscalmente a las comunidades
más productivas.

12 – Una inversión en infraestructuras públicas determinada por criterios ideológicos.

13- Unos medios de comunicación que siempre hablan de soberanismo y nunca invitan a soberanistas.

14 – La configuración radial de todos los medios y vías de transporte.

15- Los peajes que sólo se rescatan cuando están en Madrid y entran en quiebra.

16 – Una izquierda que prefiere un gobierno de derechas a negociar con soberanistas.

17 – Un Estado que no defiende a las lenguas co-oficiales ni dentro ni fuera de sus fronteras.

18 – Un gobierno capaz de “desmontar la sanidad” de un territorio para amedrentar sus reinvidicaciones.

19 – Una nación española que proclama su supremacía sobre las demás naciones del Estado.

20 – Una Constitución que pone al Ejército como garantía última de la unidad de España. ¿La unión hace la fuerza o se hace a la fuerza?

21 – Unas leyes que garantizan el derecho a vivir sólo en castellano en comunidades con lengua co-oficial.

22 – Una derecha rehén de la Iglesia católica y de su cerrazón en materia de igualdad de la mujer y derechos LGTB.

23 – Un poder judicial más interesado en influir en los telediarios que en ser justo.

24 – Una mayoría social que prefiere que no se vote a aceptar un resultado electoral adverso.

25 – Una derecha que da lecciones de democracia sin haberse sacudido todavía la herencia del franquismo.

1 – Como España es una democracia consolidada no reconocerá nunca el derecho de los catalanes a votar sobre su futuro.

2 – La democracia española es homologable a la británica, pero el caso de Escocia es totalmente diferente al de Cataluña.

3 – Los catalanes sufrimos a una clase dirigente corrupta, y nuestra única garantía de no caer en sus manos es mantenernos dentro de España.

4 – Los políticos soberanistas sólo defienden los intereses de los soberanistas, mientras que los políticos unionistas defienden los de todos los catalanes.

5 – Los partidos mayoritarios en Cataluña no representan a la mayoría de los catalanes. Los minoritarios, sí.

6 – Lo más inteligente para Cataluña en un mundo globalizado e interconectado es permanecer dentro del Estado español.

7 – Cataluña nunca será un Estado independiente, pero España forzará que salga de la Unión Europea si se convierte en un Estado independiente.

8 – Cataluña ha sido siempre desleal con España pero el procés es un souflé creado artificialmente por Artur Mas.

9 – Ninguna constitución del mundo ha reconocido nunca el derecho de autodeterminación, aunque en el último siglo se hayan creado decenas de estados en Europa.

10 -España garantiza la igualdad de derechos entre todos los españoles y por ese motivo nunca reconocerá el derecho de los catalanes a dejar de ser españoles.

11 -Todos los españoles son iguales ante la ley y todos tienen derecho a decidir lo que serán en el futuro los catalanes. Los catalanes, no.

12 – Nunca se podrá convocar un referéndum de autodeterminación en Cataluña y todos los españoles tienen derecho a participar en un referéndum de autodeterminación en Cataluña.

13 – Cualquier reivindicación política es legítima en democracia siempre y cuando se haga pacíficamente.

14 – El proceso de autodeterminación es un golpe de Estado y la constitución otorga al Ejército la facultad de intervenir para garantizar la unidad de España.

15 – Si es necesario la Constitución privará a los catalanes de sus libertades para garantizar las libertades de todos los españoles, que incluyen las de los catalanes.

16 – En Cataluña, donde se ven todas las cadenas españolas, existe un discurso único que ha conseguido enfrentar a una parte de la ciudadanía con el resto del Estado.

17 – Sólo existe pluralidad de opinión en los medios de comunicación donde no intervienen nunca los independentistas.

18 – Expresar el deseo de votar divide a los catalanes, negarles ese derecho les une.

19 – El procés, que ha arrasado a una generación de políticos entera y modificado por completo el mapa político, es una argucia para mantener el estatu quo y preservar las prerrogativas de la clase política corrupta en Cataluña.

20 – El gobierno español utilizará todos los medios a su alcance para mantener dentro de España a aquellos que pretenden utilizar todos los medios a su alcance para salirse de ella.

21 – Cataluña solamente tendrá una economía competitiva mientras participe del esfuerzo solidario con territorios que no lo son.

22 – Los dirigentes del procés se envuelven en la estelada y los dirigentes españoles defienden los símbolos constitucionales de quienes los atacan.

23 – Garantizar la competencia lingüística en catalán a todos los catalanes solo beneficia a los catalanoparlantes y discrimina el castellano.

24 – El procés aisla cada vez más a Cataluña a la vez que multiplica sus representaciones comerciales alrededor del mundo.

25 – El partido político que gobierna España desde que se ha disparado el independentismo catalán es el único que garantiza la unidad de España.

 

Ante la incertidumbre internacional a la que nos vemos abocados, van cobrando más y más sentido manifestaciones como la Semana Santa de Málaga. La tradición, las muestras de respeto a los símbolos y la exaltación del amor actúan cada año como una vacuna y un bálsamo contra el integrismo religioso y la instrumentalización del odio como catalizador ideológico.

Es una costumbre popular, sí. Pero las costumbres populares las moldean los grupos humanos, y no a la inversa. Civismo religioso y sociocultural frente a totalitarismo ciego. Dos formas opuestas de entender el sentimiento religioso.

Ciertamente, la primera impresión al recorrer las calles de Málaga, el Jueves Santo bajo el trono de la Zamarrilla, fue pensar: “en la calle hay menos gente que otros años”. ¿Habrá hecho mella el temor a un posible atentado jihadista?

La segunda lectura, más reposada (nueve horas dan bastante de sí), le da la vuelta al argumento: a cambio de cada ciudadano que ha preferido quedarse en casa, ¿cuántos han hecho el esfuerzo individual pero también cívico de pensar que donde hay miedo no cabe nada más, y que no podemos permitir que nadie nos dicte cómo tenemos que entender las relaciones humanas, cómo esculpir nuestros vínculos sociales, qué importancia darle a los derechos individuales y colectivos..

Ya no es sólo una cuestión de defender unos valores culturales que ha costado mucho conquistar: la igualdad entre el hombre y la mujer, la justicia social, la garantía de unos servicios públicos para evitar la exclusión social. Está en peligro mucho más.

Cuando el miedo entra en escena, sacude la misma concepción de la condición humana. Vuelve el individualismo más salvaje y se deshacen como un azucarillo los avances sociales. El único objetivo de la vida pasa a ser la salvaguarda de la propia vida, y todos lo demás matices se desmoronan y caen hacia peldaños más bajos de la escala de valores.

Se produce entonces un regreso a momentos históricos donde no existía otro motor social que la lucha por el poder, como un fin en sí mismo. Donde los que pretendían imponer su voluntad solamente necesitaban del miedo para hacerse respetar. No hacía falta convencer, con vencer era suficiente.

El jihadismo es la fuerza que nos quiere arrastrar de nuevo hacia ese reduccionismo máximo, a la simplificación minimalista de los equilibrios socioculturales. Todo lo que no pertenezca a la ley que no emana del Pueblo sino de su Dios es un estorbo a la aplicación de dicha ley. Y para la instauración y perpetuación de este esquema, la fuerza, el odio y el miedo son las herramientas más eficaces.

Yo veo la Semana Santa malagueña como uno de los muros de contención contra la sinrazón religiosa de los que podemos hacer gala. Repetir una liturgia año tras año, venerar las mismas imágenes en las mismas fechas y siguiendo los mismos protocolos, y hacerlo de forma alegre pero respetuosa, emotiva pero silenciosa, y expresando valores como el amor al prójimo (la empatía), la comunión (solidaridad) o la fe (desear el bien propio y ajeno), son una muestra de civilización avanzada, madura y rica en matices.

Nos conecta con lo mejor de nuestro pasado, con nuestras convicciones atávicas, con un mensaje intergeneracional de equilibrio, de seguridad, de orden frente al caos y de optimismo.

La resistencia al miedo, la voluntad y el deseo de seguir siendo lo que se era individual y colectivamente, de no perder la costumbre de verse, tocarse y apretujarse en las calles si es necesario, es un grito silencioso pero atronador de “no podréis cambiarnos”. Y yo pienso seguir gritándolo mientras pueda.

La intervención de Gerard Piqué ante los periodistas deportivos (¿o sería mejor llamarles contertulios del Chiringuito?) que cubrían el Francia-España del martes me sugiere una serie de preguntas:

  • ¿Tiene que ser Gerard quien cargue con la responsabilidad de ejercer como portavoz del barcelonismo? Algunos le agradecemos la gallardía, principalmente ante la dejación de funciones de la directiva. Pero quizás Gerard debería poder centrarse en jugar, que es para lo que le pagan. La timorata intervención posterior del vicepresidente Jordi Cardoner no cambia ni un ápice esta apreciación.
  • Los periodistas que preguntan a Piqué repetidamente por los temas “calientes” que saben que les van a proporcionar carnaza, cómo se atreven luego a contestarle en tono recriminatorio? ¿Están allí para informar o para opinar? Compañeros, si preguntáis, luego a transcribir y a callar.
  • Por mucho que salga el jefe de lo penal de la abogacía del Estado a decir misa, ¿alguien en España todavía duda de la connivencia entre el Real Madrid y los poderes fácticos del Estado? ¿Alguien duda del pacto del silencio en los medios de comunicación respecto al Florentino power?

He estado dos veces en mi vida en el palco del Bernabeu. Mis conclusiones:

  • Tienes la sensación de estar ante la concentración de poder más grande que se pueda ver en la capital de España. Mucho más que en la recepción del 12 de Octubre en el Palacio Real, donde principalmente se ven militares, periodistas, políticos, representantes diplomáticos y algún empresario de rango medio. En el Bernabeu, en cambio, se ven todos los peces gordos: presidentes de compañías del Ibex35, magistrados del Tribunal Constitucional y del Supremo, los ministros y secretarios de Estado con más tajada en los presupuestos generales, abogados del Estado, y altos funcionarios en general. En serio quieren comparar lo que sucede en ese palco con lo que sucede en el del Camp nou? ¿En serio?
  • Florentino, como buen pupilo de Santiago Bernabéu, utiliza su influencia en beneficio del Real Madrid y pone al Real Madrid al servicio de los altos poderes del Estado. Y si de paso hay algo para ACS, su empresa, pues bienvenido sea.
  • El Santiago Bernabeu tiene palcos acristalados alquilados por las grandes corporaciones de este país. Yo estuve invitado en una ocasión en el palco que tiene en exclusiva la compañía Telefónica: unas veinte plazas asistidas por dos simpáticas azafatas que te ofrecen todo tipo de bebidas alcohólicas. Cuando luego lees que Florentino ha cerrado con Telefónica  un multimillonario acuerdo de patrocinio, terminas de atar cabos. Les aseguro que todo lo que pueda decir Gerard Piqué es poco.

 

Llevar un trono de Semana Santa en Málaga es como ver un plano secuencia de las caras de sus ciudadanos. Desde tu perspectiva como portador de un varal exterior de la Zamarrilla, ves los ojos del público mirando hacia arriba, y cómo la sombra del palio de la Virgen va oscureciendo sus rostros alzados, ora en silencio, ora al son de las marchas solemnes. A nuestro paso, solamente aplausos y emoción contenida.
La devoción por la Virgen aúna barrios, sensibilidades, sexos y edades. No hay distinción: desde niños de pecho que abren los ojos sin saber todavía articular palabra y señalan la imagen coronada, hasta gente mayor que se santigua y reza. Desde las sillas de camping y la fiambrera con tortilla de la tribuna de los pobres, a los palcos de pago y los pañuelos de Cartier en la calle Larios. Algo tiene lo que llevamos a hombros que actúa de forma analgésica sobre una sociedad donde, si algo abunda, es la desigualdad. En Málaga y en Alcorcón.
En la calle Carretería dos mujeres se insultan porque una ha ocupado la primera fila cuando la otra llevaba más tiempo esperando para ver a la Virgen de cerca. Unos metros más allá, después de dar la curva de 180 grados y enfilar el pasillo de Santa Isabel, en la cuesta que lleva al puente de la Aurora, una señora llora sin dejar de mirar la imagen de la Virgen. Su hija la abraza desde atrás y la besa. Llevar el trono también es ver un plano secuencia de las emociones: desde las más bajas pasiones hasta el amor en su expresión más pura. Como la vida misma.
Y tú, con el varal hincado en el hombro, vas pensando que muy pocas ocasiones hay en la actualidad de contemplar un fresco social y emocional en estas condiciones igualitarias. En un país donde los políticos son incapaces de gestionar el fraccionamiento del parlamento no se le puede pedir a la gente que sea un dechado de responsabilidad cívica o de altruismo solidario.
Y en cambio, en el mundo del aislamiento individualista del móvil y los auriculares, hay muchos de estos ciudadanos que saben encontrar la motivación necesaria para salir a las callejuelas y apretarse al paso de los tronos. Misterios insondables y maravillosos de la Semana Santa.
Si los no creyentes también disfrutamos de la Navidad como una exaltación del amor familiar, ¿por qué no podemos vivir la Semana Santa como una celebración de la transversalidad social e ideológica?
Al fin y al cabo, no creo que el concepto de prójimo ande tan lejos del de conciudadano.

imageCuando se hablaba, al principio del procés, de que este sería largo y que nos traería malos momentos, supongo que se referían a episodios como el que estamos viviendo ahora mismo.
Escribo desde la perspectiva del que no es votante de Mas, vive alejado del día a día de la política catalana, y para más inri reside en la capital. No de la República catalana, sino del Reino de España.
Quizás es esta triple distancia la que me permite hacer determinadas reflexiones. Disculpen si las encuentran algo pueriles o inocentes: no doy para más.
Llevo días preguntándome por qué hay tanta gente que dice que no es posible un acuerdo entre Convergencia-ERC y la CUP. Recuerdo, cuando era niño, el revuelo que se armó con la legalización del partido comunista, después de cuarenta años de dictadura militar y de una guerra civil perdida. Recuerdo también que ese PCE pasó de golpe de estar en la clandestinidad (no logro borrar de mi memoria a Carrillo con peluca) a participar activamente en los llamados pactos de la Moncloa para conseguir el hoy en día tan cacareado pacto constitucional. Si Carrillo con peluca se puso de acuerdo con Suárez (todavía con rozaduras en el pecho causadas por el yugo y las flechas), por qué no pueden Mas y la CUP jugar juntos en el patio?
Recuerdo también que los hoy feroces guardianes de la constitución son herederos políticos de los que andaban montando mesas para vender llaveros con el aguilucho en la zona de la “plaza Calvo Sotelo”, armados con porras retráctiles y luchacos. Recuerdo que para ir al comedor del CEU, en la zona universitaria de Barcelona, había que pasar por un monumento horroroso, que era el tributo a los caídos de un solo bando de la contienda española.
Son retales de mi memoria que dibujan una fotografía histórica realmente inquietante. Nadie sabía por donde podían ir los tiros (en el sentido literal, los que se escucharon el 23 de febrero del 81), y desde luego eran muchos los que desconfiaban de una España que había despedido al dictador con lágrimas en los ojos y el brazo en alto. Luego resultó que, al votar la constitución, eran todos demócratas de larga tradición. Y ahora, los de las lágrimas y el brazo, o sus herederos políticos, nos dan consejos de tolerancia y de aperturismo mental. La fe del converso, supongo.
A los que se han montado hace dos días en la atalaya de los valores democráticos y constitucionales y nos observan desde los cielos, que rebusquen un poquito en el baúl de la historia. Y verán, si se quitan las gafas oscuras, que el pacto para una transición desde dentro del régimen fue posible, una vez más, gracias a las renuncias y a la generosidad de los de siempre. Y que las nacionalidades históricas tuvieron que conformarse con las migajas de un reconocimiento rayando en la tolerancia malhumorada del nacionalismo español castellaniforme.
Demos un saltito al presente. Ahora parece que el responsable de nuestros males es el presidente de la Generalitat, Artur Mas. Reclamamos a los políticos que sepan hacer política, que no gobiernen desde la prepotencia sino desde el diálogo, que sepan leer con humildad los resultados electorales, que no se suban a la poltrona y quieran conservarla cueste lo que cueste. Pues a Mas creo que se le puede decir de todo menos que sea el último mohicano de la vieja política.
Ante las negociaciones con la CUP, unos ven en la actitud de Mas una intolerable bajada de pantalones frente a los radicales antisistema y los otros lo acusan de intransigencia antisocial por no querer irse a hacer maquetas con palillos a su casa. ¡Un poco de paciencia!
Es cierto: Artur Mas tomó los mandos de un coche que venía con las ruedas pinchadas y la dirección torcida. Un partido ensuciado por los casos de corrupción y que había tiznado también una acción de gobierno en la que Mas ostentó un papel destacado.
Todo esto es cierto. En ausencia -de momento- de responsabilidades penales concretas, se le podían haber pedido a Mas responsabilidades políticas por no haber detectado/denunciado los desmanes cometidos durante la administración Pujol. Pero en las urnas, que son las que depuran este tipo de responsabilidades, Mas ha sufrido una erosión continuada pero no drástica: continúa siendo el líder más votado en las autonómicas.
Como dirigente político, Mas ha pasado por todas las vicisitudes posibles: ganar en votos pero no en escaños, ganar en escaños y no poder gobernar, tener que pactar un Estatut desde la oposición y luego que lo tumben desde el Constitucional a pesar del voto mayoritario en referéndum en Catalunya, tener que rebajar las expectativas de acuerdo a un pacto fiscal, ver como una marea soberanista le pasa por encima y decidir dejarse llevar agarrado a un tronco en plan náufrago, tener que llegar a un acuerdo con su principal adversario político en una teórica Catalunya independiente (ERC), y finalmente depender de los votos de los antisistema.
Bajo su gestión hemos vivido la ruptura de CiU y la vaporización de Unió, la división y progresivo fundido a negro del PSC, y ahora la partición justo por la mitad de la CUP.
Sinceramente: creo que un político de la vieja escuela hace tiempo que se hubiera metido en una puerta giratoria o estaría dando conferencias en Boston en un inglés macarrónico. Mas es un todoterreno político. Unos podrán decir que lo que quiere es aferrarse al cargo, ostentar poder de cualquier manera. Pero visto con una cierta perspectiva: ¿es envidiable la situación de Mas? ¿Le compensará resistir el envite unionista de todos los poderes económicos, empresariales, institucionales, policiales y judiciales del estado? Y encima, ser la obsesión particular del ministro Fernández Díaz… Uf, qué pereza.
Por el mismo precio, quedémonos con lo positivo: tenemos un presidente de la Generalitat que tiene una gran cintura para afrontar las contrariedades, mucho temple y elocuencia verbal, creatividad política, increíbles recursos como negociador, pocos apriorismos ideológicos, sentido práctico a prueba de bomba, y encima siempre pone buena cara.
¿Que prefiere usted decir que es un fariseo calculador y oportunista? Bueno, tiene usted todo el derecho. De momento, la mayoría de los catalanes sigue confiando en sus capacidades políticas y eso, siendo prácticos, es lo que cuenta.

Con muy buena fe (¿demasiada?), colgué la semana pasada un post titulado “a mi amigo” en el que exaltaba la buena disposición de personas de mi entorno, en Madrid, para entender y atender determinadas reivindicaciones de Catalunya. Venía a decir que a lo mejor no todo estaba perdido en la relación entre Catalunya y España…

Pero esta semana un encuentro en la tercera fase me ha puesto cara a cara con otra realidad.

Fue una conversación privada durante una fiesta con una persona que todos ustedes conocen, un contertulio televisivo muy popular (dicho con toda la mala intención) que en distintas ocasiones se ha significado por tener opiniones bastante explosivas respecto a Catalunya.

La fiesta estaba empezando, así que mi interlocutor no tenía ni la excusa de un alto nivel etílico.

Por ser una conversación privada no voy a revelar el nombre de esta persona. Pero creo que para tener una visión panorámica de las opiniones que se escuchan en Madrid estos días merecía la pena reproducirla aquí.

Interlocutor – Qué, traes el pasaporte?

Yo- No, me lo están haciendo. Cuando esté listo te lo mostraré, te va a encantar.

I – ¿Ah sí? Bueno. Y en qué Liga váis a jugar, porque en la española no…

Yo – Ya, la española os la dejaremos para los del Madrid, a ver si así ganáis algo.

I – Será que no hemos ganado nada en los últimos trenta años…

Yo – Bueno, hace treinta años ganábais más que ahora.

I – Y qué crees que va a pasar el día 27?

Yo – Nada, no pasará nada. Se verá cuantos somos los que nos queremos ir, y ya está. De momento.

I – Pero qué queréis conseguir, si sois sólo 800 mil?

Yo – ¡Ah, que tú nos has contado ya! Espérate al 27 por la noche, hombre…

I – Pero a ver, vosotros ¿qué queréis? ¿Qué pedís?

Yo – Una relación de tú a tú con el Estado, por de pronto.

I – Eso no puede ser, porque no estáis solos en España.

Yo – Claro, pues por eso nos queremos ir.

I – Ya, pero para conseguir eso, hay que estar dispuesto a morir y matar. ¿Vás a morir y matar?

Yo – No, amigo. No va a haber ni un solo tiro, sólo un movimiento pacífico y popular.

I – No tan pacífico. ¿Tu crees que yo puedo pasearme por Barcelona sin temor a que me agredan?

Yo – Tú no puedes ni pasearte por Madrid tranquilamente, con las cosas que has dicho por la tele. ¿Tú crees que si yo hubiese defendido la independencia por la tele podría pasearme tranquilamente por la Castellana?

I – Aquí estás, ¿no?

Yo – Si hombre, porque la mayoría de estos no saben lo que pienso, si no igual me echan a hostias.

I – Lo único que habéis conseguido es romper Cataluña, habéis hundido a Cataluña.

Yo – Sí claro, con vuestro permiso. Estáis muy locos si creéis que amenazando vais a conseguir acojonarnos ya. Mandad los tanques, que se van a comer una buena mierda (aqui ya el tono dejó de ser de compadreo).

I – Siempre estáis con los tanques.

Yo – Claro coño, ¿no me decías que querías morir y matar? ¿Pues cómo pensáis hacerlo? ¿A pellizcos?

I – Vaís de pacíficos y no es cierto, hay mucha división y violencia en Catalunya.

Yo – Veo que conoces Catalunya a fondo.

I – No váis a conseguir nada, es imposible.

Yo – Eso lo veremos, al menos vamos a intentarlo. Y la prepotencia de gente como tú nos está ayudando bastante, la verdad.

Os aseguro que esta fue la literalidad de la conversación.

De la misma forma que la semana pasada yo albergaba algún optimismo, hoy lo veo negro.

Este domingo, hay que responderle a este señor de la mejor forma. Votando.

Últimamente se oyen por Madrid, nuestra ciudad de adopción, muchos mensajes apocalípticos. Sé que no necesitas explicaciones, porque está todo más que hablado entre tú y yo sobre la cuestión nacional. Pero aún así he querido aclarar algunos puntos por escrito, para que no te quede ninguna duda.

Para empezar, una obviedad: a pesar del lenguaje empleado por algunos mandatarios y periodistas capitalinos, no va a pasar nada traumático. Y mucho menos nada que afecte a nuestra amistad.

No sé de ninguna amistad que se haya terminado por tener una frontera administrativa de por medio. Aunque surja una frontera más, no habrá ni una amistad menos.

Hemos hablado una infinidad de veces de la relación entre Catalunya y España. Ambos nos sentimos muy distantes de cualquier nacionalismo excluyente o de imposición. También de los patriotismos exacerbados. Le damos a nuestro país el valor que tiene. Cada cuál tiene el suyo, y ello no es motivo de exaltación ni de riña.

Entiendes que la relación entre Catalunya y España nunca ha sido fluida. Entiendes que principalmente el PP, pero también el PSOE y el nacionalismo autonomista, han intentado sacar rédito electoral de ese desencaje. Entiendes que el quebranto de legitimidad democrática a raíz del Estatut nos llevó a una situación insostenible. Una vez más bajo la presión de los estrategas electorales del PP. Recuerda que íbamos juntos por la calle cuando nos pedían firmas “contra los catalanes”. Y entiendes por fin que, desde entonces, la propia lógica del radicalismo democrático nos lleve a pedir la superación del actual marco legal.

Porque en el fondo, y también está más que hablado contigo, estamos (aunque no lo parezca) en el mismo barco. Nuestros hermanos mayores se consideraban ciudadanos del mundo. Nosotros, tú y yo, decimos que pertenecemos a la nación de los que quieren tener el control sobre su propio futuro. Y queremos hacerlo de la única forma conocida de evitar el totalitarismo: votando.

Mi miedo es el mismo que el tuyo: que unos pocos secuestren con nocturnidad la voluntad de una mayoría. Que un sistema basado en el esclerótico poder de los partidos se lleve por delante la legitimidad democrática. Que en unos pocos despachos se diseñe nuestro futuro colectivo.

La revolución democrática que sacude Catalunya está empezando a hacer lo propio en España. Es cuestión de tiempo. La ceguera de los dirigentes es la mayor garantía de que nuestros pueblos volverán algún día a encontrarse en el camino. Siempre que ambos, libremente, así lo deseen.

Tú y yo, mientras tanto, seguiremos yendo libremente de cañas por Madrid y arreglando a España y a Catalunya.

imageNo son sólo 260 hombres debajo de 4500 kg de trono. Mientras la imagen de María Santísima de la Amargura Coronada, la popular Virgen de la Zamarrilla, se mecía al compás de las marchas de Semana Santa por las calles de Málaga, en la noche del Jueves Santo, me dediqué a pensar que formábamos parte de una catarsis colectiva que iba mucho más allá de la celebración ritual católica.

No es la primera vez que lo pienso. Al fin y al cabo, ocho horas de procesión son, lo quieras o no, una clara invitación a la meditación en todos los ámbitos existenciales.

Hay un simbolismo bastante obvio en la representación de un grupo de personas arrimando el hombro para conseguir un objetivo común, repartidendo el esfuerzo de forma igualitaria, sin quejas, sin afán de protagonismo, y sin otro combustible que la pura solidaridad. Es evidente constatarlo, pero no es tan evidente experimentarlo.
Es al pasar tú mismo por esa experiencia cuando te das cuenta de las pocas ocasiones que se te ofrecen en la vida de sentir algo parecido.

No está pensada la sociedad de consumo y de la globalización para sentir que formamos parte de un todo. Formamos parte de un censo electoral, de los archivos del ministerio de Hacienda, y también quizás de algún chat de whatsap. Pero vivimos la socialización a través del individualismo más absoluto. Vivimos solos en sociedad.

Por ello no estaría de más que nos receten, aunque sea muy de vez en cuando, sentir el aliento de nuestros congéneres. Y no en el metro en hora punta, donde apenas nos miramos, sino en este tipo de tradiciones populares tan arraigadas como evocadoras.

Quizás las procesiones de Semana Santa sean ya, fíjense lo que llega uno a pensar con el varal incrustado en el hombro, de las pocas formas que nos quedan de recordar que es imposible cualquier conquista humana sin nuestros conciudadanos.

Debajo del trono se siente el peso de las 4 toneladas y media, pero se experimenta también un empuje ligeramente superior que surge de sus portadores y que permite levantar la estructura y moverla. Esa es la formidable energía transformadora que se moviliza en un trono: no la de la gravedad, sino la que va en sentido contrario, desde abajo hacia arriba.

Esta interpretación casi marxista -con perdón- de la Semana Santa viene reforzada, en los tiempos que corren, por otras consideraciones. La resurrección y muerte de Jesús de Nazareth simboliza la regeneración que sucede a toda catarsis, la muerte asociada siempre al renacimiento en una filosofía que ve la existencia humana como una sucesión perenne de ciclos.

Me dio por pensar también debajo del trono, no sé si sería por la Alameda o ya por el empedrado de la calle Larios, que todo lo que acaba vuelve a empezar, que a cada noche le sucede un amanecer, a cada invierno una primavera, y a cada cambio una nueva realidad. Y quiero creer que, después de ocho años de invierno, nos toque ya cambiar de estación.

El nuevo ciclo no llegará -por mucho que se empeñen- porque los políticos reciten el mantra del final de la crisis. Llegaremos a él sólo a condición de que sepamos generar el mismo empuje desde abajo hacia arriba que mueve el trono de la Zamarrilla, el del Cristo de los Milagros, y los de las más de 40 cofradías malagueñas.

Una fuerza colectiva en la que no caben ni lamentos ni protagonismos exacerbados, y que reclama un reparto equitativo del esfuerzo.