Archivos para la categoría: derecho a decidir

1- No hay presos políticos en España. 12 personas han ingresado en prisión incondicional preventiva por querer llevar a la práctica un mandato electoral refrendado en las urnas.

2- Los catalanes ejercen su derecho de autodeterminación en cada convocatoria electoral. En 2017 (y 2015) ha ganado una mayoría independentista a la que se le impide llevar a la práctica su programa electoral.

3- Cataluña puede defender cualquier propuesta política siempre y cuando lo haga pacíficamente. La propuesta política ha sido pacífica, pero la respuesta no: ha habido represión policial violenta, encarcelamientos y políticos en el exilio.

4- En España existe la separación de poderes. La vicepresidenta del gobierno español, Soraya Sáenz de Santamaría, la justicia belga y los hechos se han encargado este año de demostrar que existe una acción coordinada entre algunos jueces y el poder ejecutivo.

5- Los independentistas ganan en escaños pero no en votos. El bloque indepedentista sumó el 21D más escaños y más votos que el bloque favorable al 155.

6- Las movilizaciones indepedentistas han pasado a ser violentas. Diversos juristas coinciden en que el delito de rebelión y el de sedición no son aplicables a los altos cargos de la Generalitat por la ausencia de violencia. En cambio, sí la han ejercido la policía nacional, la guardia civil y la ultraderecha.

7- Europa da la espalda a Catalunya. Puigdemont consigue un trato justo en Bruselas, y la justicia española se ve obligada a retirar la orden de búsqueda y captura que había lanzado contra él. Angela Merkel exige a Rajoy que negocie con el gobierno catalán después del resultado electoral.

8- La aplicación del artículo 155 es la respuesta administrativa a un desafío concreto. En paralelo a la ejecución del 155 se han tomado decisiones para provocar el ahogo financiero de TV3 y se allana el camino para la intervención del modelo educativo catalán, al que se acusa sin pruebas de “adoctrinamiento”.

9- A los catalanes sólo les preocupa la pela. Este punto es de los que más me alegra incluir en el ranking. Después del coreografiado desfile de bancos y empresas trasladando sus sedes sociales fuera de Catalunya, el voto absoluto independentista ha aumentado. Por otro lado, el crecimiento del PIB del 4º trimestre del 2017 es superior al del 2016.

10- El día que hable la mayoría silenciosa se acabará el Procés. Con una participación récord del 82%, los independentistas obtuvieron el 21D más votos y escaños que el bloque constitucionalista/unionista. Claro que todavía queda una “mayoría” silenciosa del… ¿17 y pico por ciento?

11- Los Mossos d’Esquadra no son una policía al nivel de las otras policías europeas. La gestión de los atentados de las Ramblas y de Cambrils demostraron a la opinión pública la profesionalidad de este cuerpo y su alta eficiencia en la estrategia comunicativa. En ambos aspectos, los Mossos estuvieron a la misma altura, o claramente por encima, de otros cuerpos policiales cercanos.

12- Los Mossos desobedecieron las instrucciones del juez el 1 de Octubre. Los Mossos cerraron 244 colegios electorales sin emplear en ningún caso la fuerza, mientras que la policía nacional y la guardia civil sólo consiguieron cerrar 90 y con los medios que todo el mundo pudo comprobar.

13- La prensa internacional ignora el Procés. Los más prestigiosos medios escritos y audiovisuales del mundo se han hecho eco de las demandas de la sociedad catalana, especialmente a raíz de la violenta represión del referéndum del 1 de Octubre. Y todos, en el mismo sentido como lo hizo el New York Times:

14 –Rajoy nunca negociará con el presidente de la Generalitat sobre el derecho de los catalanes a decidir su futuro. Veremos si esto es así, pero de momento Rajoy dijo la noche del 21D que sólo hablaría con Inés Arrimadas, como candidata más votada. Y dos preguntas más tarde admitió que su obligación también era reunirse con el presidente electo.

15- Los soberanistas viven en matrix. El partido que se considera ganador de las elecciones catalans, cuyas cuentas han sido cuestionadas por el Tribunal de Cuentas, no gobierna ni un sólo ayuntamiento catalán. Y el partido que gobierna España es el último en número de votos entre las 7 principales fuerzas del Parlament, en el grupo Mixto con sólo 4 escaños. ¿Quién está en matrix en Cataluña?

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Si la política es una función de teatro, las piezas que conforman el decorado español van transformándose ante nuestros ojos para introducirnos en un mundo grotesco con trasfondo tenebroso. Lástima que no hablamos de ficción, sino de realidad.

1- Soraya es una célula ejecutiva reducida (nunca mejor dicho) que tiene como brazos ejecutores al Tribunal Constitucional, el Tribunal de Cuentas, el juez amigo de turno en el TSJC, el Fiscal General del Estado, el CNI, todos los Cuerpos y Fuerzas de seguridad del Estado y el Rey. Es como la diosa Kali de la destrucción, con sus ocho amenazantes brazos.
2- Felipe VI ya no es “el preparado” sino “el enojado”. Su única prestación institucional es leer íntegramente los discursos que le pasan moviendo mucho la mano y frunciendo el ceño. En cambio, muestra encefalograma plano ante estímulos al diálogo.
3- El Estado, que ostenta el monopolio de la fuerza en todas sus formas posibles, acusa a la ciudadanía de Catalunya, pacífica y desarmada, de haber realizado un golpe de Estado y aplica la misma receta que en Euskadi en tiempos de ETA.
4- El Tribunal Constitucional, que era un paquidérmico órgano de garantias constitucionales, ya es un grácil y eficiente Tribunal de Orden Público que suspende y castiga a destajo y en tiempo récord.
5- En el Parlament hay que respetar todos y cada uno de los requisitos procedimentales cuando se aprueba la ley del referéndum, pero se puede suspender preventivamente un pleno -aunque todavía no esté formalmente convocado- si se sospecha que se va a declarar en él la independencia.
6- Los policías que cometieron el atropello antidemocrático masivo más flagrante de la historia reciente de España resulta que son ahora las víctimas de la represión de un sector hotelero peligrosamente hostil.
7- Hubo tantos heridos el 1 de Octubre entre los 10 mil policías que actuaron en Catalunya pertrechados como antidisturbios como entre los manifestantes de todas las edades que levantaron los brazos ante el embate de las porras.
8- Hay “imágenes falsas” de policías pegando a gente mayor. ¿Han sido generadas en 3-D?
9- Los bancos, que han sido hasta hoy la máxima expresión de la prudencia y del conservadurismo, se convierten de súbito en la avanzadilla del reconocimiento de facto de la independencia de Catalunya.
10- El gobierno, que ha cedido históricamente a todas y cada una de las presiones de los bancos, demuestra que, cuando le interesa, tiene la fuerza necesaria para “echarlos” de Catalunya en previsión de “lo que pueda pasar”.
11- Los socialistas, que tanto se han quejado de la falta de garantías legales y parlamentarias del procés, ahora presentan recursos de amparo ante el TC para que suspenda plenos parlamentarios antes de que se celebren. Es el neoconstitucionalismo “avant la lettre”. Son… ¿ultraconstitucionalistas anticonstitucionales?
12- Albiol, anteriormente tan preocupado por el clima de convivencia en Catalunya, ahora fleta autocares desde Madrid plantar cara a las manifestaciones de la otra parte. ¿Un supuesto bombero travestido de pirómano?
13- El hombre que ha hecho más por la seguridad ciudadana en Catalunya en los últimos años es citado a declarar en Madrid por un delito de sedición.
14- Podemos, los defensores de la democracia real 2.0, ponen en pie de igualdad la “hoja de ruta unilaterial” y la “violencia policial del 1 de Octubre” para pedir diálogo “a las dos partes”.
15- Después de la violencia del día del referéndum, todavía hay periodistas y políticos que ostentan su presunta equidistancia. ¿Es ética esa actitud ante un atropello tan desigual?

1- El soberanismo se ha plantado en el referéndum en una posición inmejorable para conseguir sus objetivos. Llegan cohesionados como nunca, sin haber caído en ninguna provocación, movilizados y esperanzados.

2- El Estado ha cometido infinidad de errores que se han ido sumando al pecado original de la falta de diálogo. El PP paga caros ahora los constantes derrapes en su política territorial.

3- A pesar de ello, la solidaridad en Madrid hacia el movimiento soberanista ha sido y es prácticamente inexistente. Sectores muy minoritarios han manifestado su apoyo, otros su categórica oposición, mientras la famosa mayoría silenciosa hace lo que la caracteriza: callar.

4- No hay ningún indicio en la política española que permita pensar en un cambio de sensibilidad respecto a las demandas catalanas a corto o medio plazo. Hoy, 30 de Septiembre del 2017, sigue siendo cosa de ilusos pretender modificar la Constitución en un sentido favorable a los intereses que han manifestado la mayoría de catalanes. La mayoría de catalanes quiere algo opuesto a lo que quieren la mayoría de españoles.

5- Al contrario, estamos más bien en puertas de vivir un rebrote nacionalista español en respuesta a la crisis catalana. El PP, preso en la pinza formada por la ultraderecha y por Ciudadanos, está cada vez más dispuesto a liderar una refundación neocentralista del Estado que pase por una recuperación significativa de las competencias. Lo veremos.

6- El discurso de Podemos, surgido de un 15-M muy permeable al derecho a decidir y a los instrumentos de democracia directa, vira cada día más hacia posiciones homologables con los partidos de toda la vida. Si sigue este transformismo político, es muy probable que en un par de elecciones más ya no quede nada de aquellas demandas ciudadanas en las plazas de España.

7- El autonomismo de la antigua Convergència i Unió en Madrid no está, ni se le espera, ni -lo que es más significativo- se le busca. Salvo la enésima tentativa frustrada de Antoni Fernández Teixidó de convertirse en… algo. Durante los últimos años no ha habido ni un intento serio de articular un revival del pensamiento y estrategia de Miquel Roca o de Josep Antoni Duran Lleida. La tercera via alberga un convoy anticuado y descencijado.

8- En Madrid han aparecido multitud de banderas españolas en los balcones un mes antes del 12 de octubre. Pero no hemos oído -de momento- a ningún general chusquero llamando a la intervención de los tanques. Quizás el nacionalismo español abandona los cuarteles y aterriza en las calles. Bienvenido.

9- Los españoles jóvenes no están a favor del derecho de autodeterminación de Cataluña, pero no tienen una posición tan esencialista respecto a la unidad de España. Uno me dijo el otro día: “Estoy a favor de que votéis, pero me apetece que Cataluña siga siendo España”. Es un cambio.

10- Si se reorientase hoy mismo el discurso oficial en Madrid y se empezase a hacer pedagogía efectiva y no nominal de la plurinacionalidad del Estado, quizás en 20 años más veríamos algún cambio significativo en el sistema español de partidos. De momento, en 2017, dicen las mismas cosas que decían el día después de morir Franco.

Mi opinión personal: vayamos tirando y, si eso, volvemos a hablar cuando las cosas hayan cambiado en la España fraternal. De momento, a votar y a votar que .

 

1 – Catalunya es un país donde la gente vive oprimida por sus mayorías parlamentarias.

2 – Catalunya es un país donde todos los niños son discriminados en la escuela. Unos, por tener que aprender una lengua que no es su lengua materna, y otros por no poder aprender bien la lengua oficial de todos los españoles.

3 – Catalunya es un país donde la gente se ha inventado una lengua sólo para que no les entiendan los demás, y que usan incluso en casa.

4 – Catalunya es un país donde la mitad de la población es perseguida por la otra mitad por hablar en otra lengua.

5 – Catalunya es un país donde las familias han dejado de comer juntas en Navidad por sus discrepancias políticas.

6 – Catalunya es un país donde la burguesía sólo defiende sus intereses y cambia de chaqueta en función de quien gobierna.

7 – Catalunya es un país donde los políticos roban.

8 – Catalunya es un país que cada año inventa movilizaciones sociales inexistentes.

9 – Catalunya es un país donde la mayoría no se manifiesta por miedo a la minoría.

10 – Catalunya es un país que quiere tener una selección nacional de fútbol sólo para jugar contra la de España.

11 – Catalunya es un país donde el presidente está preso de los antisistema y, además, tiene un nombre impronunciable.

12 – Catalunya es un país que tiene que pedir dinero prestado porque no sabe gestionar sus recursos.

13 – Catalunya es un país que en vez de agradecer las inversiones que recibe se dedica a protestar por las deficiencias en sus infraestructuras viarias y de transporte.

14 – Catalunya es un país que recibió mucha ayuda de Franco y ahora se considera parte del bando que perdió la guerra civil.

15 – Catalunya es un país que, a pesar de ser tan horrible como es, nunca dejará de formar parte de España.

 

1 – La monarquía, no refrendada por los ciudadanos ni responsable ante la justicia.

2 – La falta de cariño institucional hacia los perdedores de la guerra civil.

3 – Un Tribunal Constitucional controlado por su ala más conservadora.

4 – Una Constitución aprobada por miedo a los militares.

5 – La interpretación siempre restrictiva de la Constitución en materia autonómica.

6 – La falta de interés en llegar al fondo de la trama de los GAL.

7 – La existencia de una doble trama corrupta dentro del Cuerpo Nacional de Policía.

8 – Las comisiones parlamentarias de investigación que sólo sirven para crear más confusión.

9 – Un poder judicial que ha tardado 30 años en atacar la corrupción política.

10 – Una educación pública o concertada que nunca ha conseguido ser laica.

11 – Una política autonómica que penaliza fiscalmente a las comunidades
más productivas.

12 – Una inversión en infraestructuras públicas determinada por criterios ideológicos.

13- Unos medios de comunicación que siempre hablan de soberanismo y nunca invitan a soberanistas.

14 – La configuración radial de todos los medios y vías de transporte.

15- Los peajes que sólo se rescatan cuando están en Madrid y entran en quiebra.

16 – Una izquierda que prefiere un gobierno de derechas a negociar con soberanistas.

17 – Un Estado que no defiende a las lenguas co-oficiales ni dentro ni fuera de sus fronteras.

18 – Un gobierno capaz de “desmontar la sanidad” de un territorio para amedrentar sus reinvidicaciones.

19 – Una nación española que proclama su supremacía sobre las demás naciones del Estado.

20 – Una Constitución que pone al Ejército como garantía última de la unidad de España. ¿La unión hace la fuerza o se hace a la fuerza?

21 – Unas leyes que garantizan el derecho a vivir sólo en castellano en comunidades con lengua co-oficial.

22 – Una derecha rehén de la Iglesia católica y de su cerrazón en materia de igualdad de la mujer y derechos LGTB.

23 – Un poder judicial más interesado en influir en los telediarios que en ser justo.

24 – Una mayoría social que prefiere que no se vote a aceptar un resultado electoral adverso.

25 – Una derecha que da lecciones de democracia sin haberse sacudido todavía la herencia del franquismo.

imageCuando se hablaba, al principio del procés, de que este sería largo y que nos traería malos momentos, supongo que se referían a episodios como el que estamos viviendo ahora mismo.
Escribo desde la perspectiva del que no es votante de Mas, vive alejado del día a día de la política catalana, y para más inri reside en la capital. No de la República catalana, sino del Reino de España.
Quizás es esta triple distancia la que me permite hacer determinadas reflexiones. Disculpen si las encuentran algo pueriles o inocentes: no doy para más.
Llevo días preguntándome por qué hay tanta gente que dice que no es posible un acuerdo entre Convergencia-ERC y la CUP. Recuerdo, cuando era niño, el revuelo que se armó con la legalización del partido comunista, después de cuarenta años de dictadura militar y de una guerra civil perdida. Recuerdo también que ese PCE pasó de golpe de estar en la clandestinidad (no logro borrar de mi memoria a Carrillo con peluca) a participar activamente en los llamados pactos de la Moncloa para conseguir el hoy en día tan cacareado pacto constitucional. Si Carrillo con peluca se puso de acuerdo con Suárez (todavía con rozaduras en el pecho causadas por el yugo y las flechas), por qué no pueden Mas y la CUP jugar juntos en el patio?
Recuerdo también que los hoy feroces guardianes de la constitución son herederos políticos de los que andaban montando mesas para vender llaveros con el aguilucho en la zona de la “plaza Calvo Sotelo”, armados con porras retráctiles y luchacos. Recuerdo que para ir al comedor del CEU, en la zona universitaria de Barcelona, había que pasar por un monumento horroroso, que era el tributo a los caídos de un solo bando de la contienda española.
Son retales de mi memoria que dibujan una fotografía histórica realmente inquietante. Nadie sabía por donde podían ir los tiros (en el sentido literal, los que se escucharon el 23 de febrero del 81), y desde luego eran muchos los que desconfiaban de una España que había despedido al dictador con lágrimas en los ojos y el brazo en alto. Luego resultó que, al votar la constitución, eran todos demócratas de larga tradición. Y ahora, los de las lágrimas y el brazo, o sus herederos políticos, nos dan consejos de tolerancia y de aperturismo mental. La fe del converso, supongo.
A los que se han montado hace dos días en la atalaya de los valores democráticos y constitucionales y nos observan desde los cielos, que rebusquen un poquito en el baúl de la historia. Y verán, si se quitan las gafas oscuras, que el pacto para una transición desde dentro del régimen fue posible, una vez más, gracias a las renuncias y a la generosidad de los de siempre. Y que las nacionalidades históricas tuvieron que conformarse con las migajas de un reconocimiento rayando en la tolerancia malhumorada del nacionalismo español castellaniforme.
Demos un saltito al presente. Ahora parece que el responsable de nuestros males es el presidente de la Generalitat, Artur Mas. Reclamamos a los políticos que sepan hacer política, que no gobiernen desde la prepotencia sino desde el diálogo, que sepan leer con humildad los resultados electorales, que no se suban a la poltrona y quieran conservarla cueste lo que cueste. Pues a Mas creo que se le puede decir de todo menos que sea el último mohicano de la vieja política.
Ante las negociaciones con la CUP, unos ven en la actitud de Mas una intolerable bajada de pantalones frente a los radicales antisistema y los otros lo acusan de intransigencia antisocial por no querer irse a hacer maquetas con palillos a su casa. ¡Un poco de paciencia!
Es cierto: Artur Mas tomó los mandos de un coche que venía con las ruedas pinchadas y la dirección torcida. Un partido ensuciado por los casos de corrupción y que había tiznado también una acción de gobierno en la que Mas ostentó un papel destacado.
Todo esto es cierto. En ausencia -de momento- de responsabilidades penales concretas, se le podían haber pedido a Mas responsabilidades políticas por no haber detectado/denunciado los desmanes cometidos durante la administración Pujol. Pero en las urnas, que son las que depuran este tipo de responsabilidades, Mas ha sufrido una erosión continuada pero no drástica: continúa siendo el líder más votado en las autonómicas.
Como dirigente político, Mas ha pasado por todas las vicisitudes posibles: ganar en votos pero no en escaños, ganar en escaños y no poder gobernar, tener que pactar un Estatut desde la oposición y luego que lo tumben desde el Constitucional a pesar del voto mayoritario en referéndum en Catalunya, tener que rebajar las expectativas de acuerdo a un pacto fiscal, ver como una marea soberanista le pasa por encima y decidir dejarse llevar agarrado a un tronco en plan náufrago, tener que llegar a un acuerdo con su principal adversario político en una teórica Catalunya independiente (ERC), y finalmente depender de los votos de los antisistema.
Bajo su gestión hemos vivido la ruptura de CiU y la vaporización de Unió, la división y progresivo fundido a negro del PSC, y ahora la partición justo por la mitad de la CUP.
Sinceramente: creo que un político de la vieja escuela hace tiempo que se hubiera metido en una puerta giratoria o estaría dando conferencias en Boston en un inglés macarrónico. Mas es un todoterreno político. Unos podrán decir que lo que quiere es aferrarse al cargo, ostentar poder de cualquier manera. Pero visto con una cierta perspectiva: ¿es envidiable la situación de Mas? ¿Le compensará resistir el envite unionista de todos los poderes económicos, empresariales, institucionales, policiales y judiciales del estado? Y encima, ser la obsesión particular del ministro Fernández Díaz… Uf, qué pereza.
Por el mismo precio, quedémonos con lo positivo: tenemos un presidente de la Generalitat que tiene una gran cintura para afrontar las contrariedades, mucho temple y elocuencia verbal, creatividad política, increíbles recursos como negociador, pocos apriorismos ideológicos, sentido práctico a prueba de bomba, y encima siempre pone buena cara.
¿Que prefiere usted decir que es un fariseo calculador y oportunista? Bueno, tiene usted todo el derecho. De momento, la mayoría de los catalanes sigue confiando en sus capacidades políticas y eso, siendo prácticos, es lo que cuenta.

He tenido, por motivos que no vienen a cuento, la ocasión de asistir a un pase privado del documental “La Rosa de Fuego”, dirigido por Manuel Huerga y producido por Mediapro. El del documental siempre ha sido un género que me ha encantado. Y de hecho, es de los pocos géneros de los que se puede decir que tiene pasado, presente y futuro.

El documental en cuestión es una visión panorámica de Barcelona. Retrata su geografía física y política en el momento actual pero también en algún pasaje histórico. Está rodado en 3D tanto en la forma como en el fondo, porque no solamente ofrece una visión tridimensional de los monumentos, calles, avenidas, y locales sino que también del momento socio-político en el que nos encontramos.

Aparecen las manifestaciones soberanistas, las del 15-M, las celebraciones barcelonistas e incluso los conciertos del Fórum o del Club Super 3. Las grandes concentraciones humanas se entremezclan con pequeñas tramas particulares, como la de la chica japonesa que cambia a su novio, canoso y malhumorado, por un joven y apuesto camarero todo sonrisas. ¿Una metáfora del proceso soberanista que vive Catalunya?.

La voz en off (Serrat en castellano, Guardiola en catalán y Woody Allen en inglés, todo un tridente al estilo Neymar-Suárez-Messi) revolotea, como el propio objetivo de la cámara, entre las tres dimensiones básicas de la ciudad: su gente, sus tradiciones y sus anhelos. Las piedras, el asfalto, los edificios, las montañas y el mar no son más que el marco que realza este inmenso fresco de emociones que va y vuelve del pasado al futuro pasando por un trepidante presente.

Es un reto gigante explicar Barcelona en 100 minutos y Huerga, bajo mi opinión, lo consigue. Transmite lo más importante: la pasión que conecta a los habitantes de esta ciudad, a los que llevan generaciones felizmente anclados en ella y los que acaban de llegar.

Según la voz en off, “Barcelona tiene algo especial”, que es algo que sabemos todos los que la conocemos y amamos, aunque solo unos pocos sean capaces de convertir esta íntima convicción en palabras.

Viendo el documental me acordé muchas veces de Ciutat Morta, otro trabajo audiovisual sobre la capital catalana que ha llegado recientemente a la gran pantalla. Son dos largometrajes que nada tienen que ver ni en planteamiento inicial ni en objetivos. Pero tienen en común que pretenden proyectar una imagen de Barcelona. Y en algunos momentos, la Rosa de Fuego, aunque empezó a rodarse mucho antes, parecía una respuesta a Ciutat Morta.

El documental de Mediapro es una bocanada de aire fresco, es una inyección de ilusión. Transmite ganas de pisar la calle, de encontrarse con los barceloneses, de protestar y quejarse pero también de construir y celebrar.

Se agradece que de vez en cuando haya alguien remando para seguir avanzando y no para retroceder recordando -y amplificando de paso- las rémoras, los obstáculos y las penalidades.

No quiero decir que no deban existir trabajos audiovisuales como Ciutat Morta. Aplaudo el esfuerzo casi heróico de sus autores para conseguir rodar, montar y distribuir la película. Pero celebro también que, aparte de constatar nuestras miserias, algunos se esfuercen por hacernos ver que también se han hecho algunas cosas bien.

Me imagino que habrá personas que saldrán de ver La Rosa de Fuego diciendo que muestra un reflejo buenista de la ciudad, que le faltan referencias a los casos de violencia policial, a los desahucios de ciudadanos corrientes -y contribuyentes- y también de okupas, a los casos de corrupción que han sacudido la ciudad, al oleaje erosivo de los turistas en manada, a los ruidos en determinados barrios o al alza estratosférica del precio de la vivienda, por citar sólo algunas de nuestras consabidas sombras.

Pero yo, qué quieren que les diga, antes que torturarme con una visión de Barcelona que parece sacada de un cuadro de la época negra de Goya, prefiero reconciliarme por fin con ella. Agradezco a Huerga y a Mediapro dos cosas: que sigan invirtiendo en documentales por un lado, y por el otro que favorezcan una mirada positiva, aunque sea una sola, sobre esta ciudad.

El debate político en Cataluña ha pasado de ser un apacible estanque de aguas templadas a un torrente jalonado de cataratas, rápidos turbulentos, y alguna inoportuna roca en mitad de la corriente. En los años ochenta y noventa, los periodistas de política catalana eran como aburridos arqueólogos que tenían que entresacar pacientemente el titular de la más bien anodina actualidad diaria. El cronista del Parlament, de hecho, tenía que acudir a su trabajo armado de crucigramas y sudokus para no perecer de inacción.

Hoy en día, esto ha cambiado. No hay mucha diferencia entre Jesús Calleja, el alpinista de Cuatro, y un periodista especializado en política catalana: no hay día sin sobresalto, reto inalcanzable u obstáculo que salvar. ¿Y los contertulios? indiana Jones a su lado, un oficinista con manguitos.

Lo último en esta alocada carrera informativa es detectar el más insignificante indicio de crispación política en Cataluña. Ya los sustantivos empleados pierden su sentido original: Miguel Ángel Rodríguez, el Nerón de las ondas, proclamó esta semana que lo del bofetón a Pere Navarro fue un acto de terrorismo. No sé lo que fueron los asesinatos de ETA entonces. O a lo mejor es que a MAR le aterrorizan más las urnas que las armas, que todo podría ser.

Amaneces un día en tu casa envuelto en una aparente paz social cuando… ¡cuidado!: en los titulares de la radio advierten de que han arrojado pintura en una sede del Partido Popular. Ah no, que es en Barajas y es el duodécimo-quinto ataque en pocos meses. Pero entonces no tiene nada que ver con el desafío soberanista. Tranquilos, no es un acto de terrorismo. Será simple violencia de los antisistema o crispación auspiciada por los perriflautas de Ada Colau. Habrá que preguntarlo a MAR o a Marhuenda, que son los que controlan este tipo de matices semánticos.

¿Y yo, que cuando voy a Cataluña lo que veo es un debate sereno? Un poco machacón y obsesivo, pero muy cívico todo. Casi demasiado, porque con tanta movilización coreografiada, manifestación unitaria y acto simbólico lo nuestro empieza a parecer un parque temático de la reivindicación. En Cataluña pueden pasar muchas cosas, pero no un estallido social: no es estético. Estamos en un punto en el que hasta las revoluciones tienen que ser de “diseny”, las banderas tienen que combinar y los eslóganes ser de una depurada corrección política. ¡Nos han cambiado a los milicianos anarquistas por monitores de “esplai”!

Total, que antes moriremos de un ataque de estética que de un alboroto. Así ha sido siempre y así continuará siendo Cataluña.

vargas llosa

La buena noticia es que el aparato del Estado se toma en serio la “amenaza separatista”. La mala noticia es que hasta el momento habrá desplegado solamente un 20 por ciento de su potencial para contenerla.

El Estado reacciona con reflejos paquidérmicos, pero ello no debe confundir a nadie: el estruendo de su pisada retumbará en nuestros oídos y pondrá a prueba la firmeza de la voluntad de todos y cada uno de los independentistas de este país.

No nos creamos el discurso de los que nos prometen un sendero de negociación civilizada. España no ha basado nunca su fuerza en la capacidad de diálogo y el razonamiento. Sus armas han sido siempre las entrañas y la fuerza bruta.

Vargas Llosa ha aportado esta semana su visión del tema, que entronca perfectamente con la receta que propone tradicionalmente la metrópolis: “el nacionalismo pacífico no existe, hay que combatirlo sin complejos como al otro”. Es decir: da igual que en Cataluña haya habido un grupo terrorista o no, hay que aplastar sus demandas con la misma determinación, porque la razón no está de su parte. Como en las cruzadas: tiene derecho a matar aquél que tiene a Dios de su lado.

Que tengamos muy claro aquello a lo que nos enfrentamos. Vivir en Madrid permite tener una perspectiva muy clara de lo que está en juego: España no puede permitirse perder a Cataluña. Ni desde el punto de vista económico –que no es el más importante, a pesar de todo- ni desde el punto de vista simbólico. Lo ha dicho Vidal Quadras: “España sin Cataluña sería un cuerpo mutilado”.

Tenemos derecho a pedir lo que pedimos. España es un estado miembro de la UE y ya no puede lanzar al ejército contra una parte de su pueblo. Todo esto es cierto. Pero no es menos cierto que nos hemos propuesto dejar a un Estado sin su principal motor económico. Un Estado decadente, en crisis y sin autoestima. Pero capaz de dar todavía mucha guerra.

La respuesta a nuestras demandas no será ni razonada, ni democrática ni pacífica. Será por tierra, mar y aire. Aznar, Vargas Llosa, Vidal Quadras, desde un lado, y Rubalcaba, Bono y Corcuera desde el otro son solamente la artillería que allana el camino previo a la ofensiva.

Si alguien pensó que esto sería fácil, que se desengañe. Darle la puntilla a una vieja potencia colonial no se hará solamente con razones.

Uno de los efectos benéficos que va a tener el proceso soberanista en Catalunya va a a ser que a muchos, por fin, les va a caer la máscara. Y en algún caso, incluso los pantalones.

El derecho a decidir no admite medias tintas: estás a favor o en contra. Crees que Catalunya es sujeto político o crees que es una simple región. Crees que ser español merece pagar el precio que pagamos -no sólo económico-, o no.

Alguien que va a enseñarnos sus cartas al respecto, este mismo fin de semana, es Pere Navarro, el contorsionista de Terrassa. Y no moverá ficha en la dirección que le señalaría su progenitor, precisamente, sino en la contraria.

El motivo de crítica no es el fondo de su postura: tiene el PSC todo el derecho a ser una simple franquicia del PSOE, faltaría más. Puede incluso renunciar a ser un partido independiente, y pasar a ser una federación socialista más, como la de Madrid, por ejemplo. Ya sabrán entonces qué hacer los que les votaron en las últimas elecciones, cuando incluyeron el derecho a decidir en su programa electoral. Que hagan caso a Bono y a Corcuera, que han demostrado siempre saber lo que le conviene a Catalunya (para hacer exactamente lo contrario).

Navarro, pues, tiene todo el derecho a defender una Catalunya española. Lo que no entiendo tanto es el proceso que les ha llevado hasta aquí y su tradicional política sinuosa y oportunista. Ellos han acusado con razón a CiU de hacer “la puta i la ramoneta”, pero ellos, con perdón, han sido la más puta y la más ramoneta: en su relación con el país (ahora tiene derecho a decidir, ahora no porque se deja llevar por el mesiánico Mas) y en su relación con el socialismo español (que si tendamos la mano a la España fraternal, y ahora votemos en contra de lo que dice el grupo socialista).

Pero parece que este fin de semana, por fin, Navarro nos dirá lo que piensan en realidad. Y no será por un proceso de democracia interna, pactando con sus corrientes internas, o sometiendo a votación las distintas fórmulas políticas posibles. No, será con la amenaza previa de acallar las voces críticas para siempre, formulada por un tal Balmón, un tipo inquietante con maneras de pistolero salido de la semana trágica. Viva el debate interno. Y viva Stalin, también.

El giro, que no será tal porque nunca han conseguido esconder sus auténticas intenciones con respecto al derecho a decidir, se produce después de un pacto con Rubalcaba: el PSOE le da su apoyo a Navarro, retira su amenaza de crear una federación en Catalunya, pero el PSC renuncia para siempre al derecho a decidir. Previsible, ¿no? Dicho de otra manera: someter el debate sobre el interés general del país (¿cuando votar?) al mantenimiento de la “botigueta” política. No le toquéis el chiringuito que es su modus vivendi. Pequeño, ramplón y servil, pero el único espacio que le permite seguir existiendo como marioneta política. A navarro le han mostrado en qué pequeño patio trasero tiene derecho a estar, y él, feliz y contento, lamerá la mano de su dueño moviendo el rabito,

Por suerte en Catalunya a los recaderos del centro, por mucho disfraz “catalanista i d’esquerres” que lleven, ya hemos aprendido a identificarlos. Sólo deseo que los hasta hoy electores del PSC recuerden qué les ha prometido Navarro y qué ha terminado haciendo. Que lo incluyan en la ya larga lista de políticos que, una y otra vez, son capaces de pasarse el mandato electoral por el arco de triunfo y que prefieren correr a bajarse los pantalones antes que defender sus compromisos.