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¿Sería capaz Florentino Pérez de dar una segunda oportunidad a José Mourinho a los mandos del equipo blanco? Alguien que fue capaz de decir, en una entrevista por televisión, que los vecinos de la costa de Tarragona y Castellón “se asustaron por nada” al sentir los temblores de tierra causados por la inyección de gas perpetrada por ACS, es capaz de dar una segunda oportunidad al mismísimo Charles Manson.

Me ha asaltado este pensamiento al leer las declaraciones de Mourinho en las que deslizaba que esperaba ver al Madrid, a estas alturas de competición, muy por encima del Barça. A lo que el italiano de la ceja alta le he contestado, de forma bastante atinada, que al menos este año todavía tienen opciones de ganar la Liga, no como el año pasado.

¿Está aprovechando el portugués las aguas revueltas del madridismo para volver a reivindicarse? ¿Tendrá el valor suficiente como para mostrarse como solución, cuando en realidad es causa de muchos de los males que aquejan a la casa blanca?

Tomen por ejemplo el caso del actual debate por el puesto de portero: ¿Quién sembró la semilla de la discordia entre Íker Casillas y Florentino Pérez? Ahora, a quien le ha tocado recoger los frutos (amargos) es a Ancelotti, que no puede gestionar un vestuario plagado de minas. Es solamente un ejemplo de en qué estado han dejado el pasto las herraduras del portugués.

No creo haber sido el primero en decir que Mou es uno de los ejemplares más tóxicos de los que pueblan el ya de por si viciado rebaño del fútbol español. Pero no dejemos que un solo capullo nos impida ver el ramo completo: alguien fue a buscarle, le pagó mucho dinero y le amparó en cada una de sus villanías. Alguien lo definió como el mejor entrenador del mundo, le brindó las llaves de la tan sagrada institución madridista para que la convirtiera en su cortijo, y le permitió pisotear el nombre de jugadores que lo han sido todo en el club.

No hay nada más falso que un gran empresario hablando de valores. Pérez ha inculcado al madridismo los mismos principios éticos que rigen el consejo de administración de una gran corporación, a saber: lo único que importa son los resultados; los hombres son piezas susceptibles de ser sustituidas en cuanto dejan de cumplir la función que se les ha asignado y el debate interno no es más que ruido molesto que compromete los designios del director de orquesta.

Así es el Madrid de Florentino. Y Mou, en este contexto, no ha sido más que un eficiente capataz. Un sicario aventajado que el terrateniente podría volver a necesitar si el gallinero se le alborota.

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Hay cosas que a uno no le deberían sorprender a estas alturas de la película. Pero como periodista todavía quiero conservar un margen de mosqueo ante una transmisión tan partidista como la que realizó Televisión Española de la vuelta de la final de la Supercopa entre Atlético de Madrid y Barcelona.

Mientras imagino que la mayoría del público barcelonista seguía el partido a través de TV3, los que vivimos fuera de Catalunya lo tuvimos que hacer por la primera. Desconozco si fue una estrategia deliberada sabiendo que los espectadores serían mayoritariamente no catalanes, pero desde un principio quedó claro el sesgo claramente favorable al Atleti de los responsables de la transmisión.

Cuando a todo el que estuviera viendo el lance le quedaba más que claro qué tipo de consignas había dado Simeone a sus hombres para parar a Messi y Neymar, la voz de la televisión pública española dejó caer algunas perlas cultivadas del estilo “no podemos decir que sea un partido duro”. Pequeños detalles como el pisotón en la espada de Alves o la agresión sin balón de Filipe Luis no merecieron apenas comentario.

Una cosa es no ver las cosas y otra, mucho peor, es no querer verlas. Lo de afirmar justamente lo contrario de lo que estamos presenciando debe de ser una herencia de su pasado no tan lejano, cuando en TVE se loaban las dotes de liderazgo y el carácter heroico del caudillo. Yo era pequeño, pero ya había algo que no me encajaba cuando, acompañando a las palabras laudatorias, aparecía un abuelo decrépito con tipo de pera y voz atiplada.

Alguien podrá decirme que TV3 también es pública y tampoco es objetiva. De acuerdo. Pero la pagamos los catalanes, y por lo tanto solamente tiene que rendir cuentas ante la audiencia catalana. TVE nos cuesta a todos un riñón y nos debe explicaciones a todos. No sé cómo acabará el proceso soberanista en Catalunya, pero lo que está claro es que en TVE ya ha triunfado: la transmisión delmiércoles parecía que enfrentaba a un equipo español con otro extranjero.

neymar 24-08-13

El efecto que irá produciendo en las gradas de España la visita del FC Barcelona con el equipaje 'almogàver‘ podría servir como plebiscito sobre el derecho a decidir de Catalunya en todo el Estado. Como parece que es tan complicado convocar consultas, ahí dejo pues esta idea.

El Barça visitaba este miércoles el Vicente Calderón, un estadio por el que circulan corrientes de aire por arriba y coches por debajo. La afición atlética, salvo lances circunstanciales del juego, no sufre espasmos epilépticos cada vez que ve una camiseta azulgrana, como sí les sucede un poco más al norte a los habitantes del territorio blanco.

En el Calderón, el azulgrana pase. Pero lo de la bandera catalana fue como tocar un resorte automático: arreciaron los insultos (podrían ir renovando el repertorio, por cierto, que nosotros nos esforzamos en darles material novedoso año a año), el agitar rabioso de banderas rojigualdas e incluso, como artista invitado, asomó la cabecita algún pollo de corral. Saque usted una bandera catalana y animará cualquier fiesta capitalina.

Estaremos de acuerdo con los colchoneros en que la equipación es cromáticamente impactante. Lacerante incluso. Vamos, que con la camiseta cuatribarrada los jugadores del Barça pueden cortar una autopista sin temor a ser atropellados. Salvo si el que conduce es Godín, claro.

Pero igual el rechazo de la grada no fue por motivos estéticos. Más bien habría que entenderlo como un voto simbólico sobre nuestro derecho a decidir: os queremos para siempre en España para seguir cultivando ese gusanillo que nos reconcome las tripas cada vez que vemos vuestros colores.

Pues eso, si les sirve de terapia -y además gratuita- no vayamos a defraudarles. Propongo que el año que viene la segunda equipación del Barça incorpore ya a las cuatro barras el triángulo amarillo y la estrella roja. Entonces, las aficiones más españolistas de todo el territorio nacional podrán echar gasolina al fuego interior y arder en su placentera hoguera de pasión.

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A los que vivimos con intensidad los años ochenta del barcelonismo (y no digamos ya a los que les tocaron los setenta y los sesenta) lo del año 2013 nos suena a música celestial. Tenemos grabado a sangre y fuego episodios como el motín del Hesperia, el ridículo estelar en la final de la Copa de Europa en Sevilla, con apedreamiento de trenes en Valencia incluida, los shows de Núñez en el palco (ahora sollozo y ahora llamo putero a Juanito), los enfrentamientos judiciales entre la directiva y Schuster, y los torpedos de ida y vuelta con el saltarín presidente Mendoza, entre muchas otras portadas XXL.

En comparación con todo aquello (y aunque decirlo empiece a sonar a batallita de abuelo cebolleta) lo de Guardiola y Tito parece sacado de un episodio de Marco o de Heidi. ¿Qué tenemos? ¿Un ex entrenador que ya no se habla con su ayudante? ¿Un entrenador que pide más cariño a su antiguo mentor? Bueno, nada que no resuelvan un par de cervezas negras en una terraza de la plaza Real, como se ha hecho toda la vida.

Me preocupa mucho más la falta de cintura de muchos seguidores barcelonistas, que se han lanzado a la batalla fratricida con un entusiasmo exacerbado. Parecía que llevaban cuatro años contenidos, esperando la señal para lanzarse a la yugular de sus correligionarios.

Sí, hay un componente autodestructivo en el ADN azulgrana que, como algunos nos temíamos, ni cuatro años de gloria han logrado cambiar. Pero mientras se mantenga dentro de unos límites razonables tampoco es tan perjudicial. Siempre y cuando no pasemos del debate interno a la trifulca abierta.

Lo dijo el ex presidente Narcís de Carreras: la concepción del Barça es democrática y la del Madrid es totalitaria. Allí no pudieron votar ni cuando se murió Bernabéu, y aquí votábamos cuando España era una reliquia del fascismo.

Allí fichan a un auténtico orangután como entrenador, y al cabo de tres años se larga como si nada dejándoles la jaula convertida en un erial. Aquí a Pep se le ocurre decir que le dejen en paz por favor, y se monta la verbena de la Paloma en fascículos. Y si Tito le contesta pidiendo mimitos, ya tenemos apoteosis total.

Es importante saber que ni cambiaremos ni, a lo mejor, falta que nos hace. Simplemente con aprender a relativizar un poco las cosas nos iría francamente mejor. Bofetadas sí pero, para evitar tentaciones, dejémonos la faca en casa.

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Muchos coches policiales norteamericanos llevan en sus laterales el lema “to serve and protect”, o sea, “para servir y proteger”. A veces la divisa es más bien “para perseguir y patear”, sobre todo cuando el ciudadano concernido tiene la piel negra, pero no nos desviemos de la cuestión.

Esta semana hemos descubierto que, en España, el lema de la policía nacional lleva un tercer verbo: “servir, proteger e insultar”. Lo dejó bien claro el secretario general del sindicato mayoritario del cuerpo SUP, José Manuel Sánchez Fornet, quien llamó por twitter “alimañas rabiosas”, “mongólicos” (sic), “fanáticos”, “nazis” (un clásico), “hijos de puta” y “corruptos” a los espectadores del circuito de Montmeló que abuchearon el himno de España.

Josep Cuní, siempre ponderado, le llamó el día después para que pudiera retractarse. Pero el poli desatendió el gesto y volvió a chapotear en el mismo lodazal de resentimiento.

Digamos de entrada que lo de silbar un himno es una práctica poco edificante que, por cierto, lleva a cabo sistemáticamente la hinchada española cuando se enfrenta a cualquier otra selección del mundo. Así lo he comprobado personalmente en los dos únicos partidos de selección a los que he asistido: frente a Rusia en la Eurocpa 2008 y frente a Italia en la Eurocopa 2012. Pero no leí yo entonces improperios semejantes en el twitter de Sánchez Fornet.

Este señor debería entender dos cosas: primera y principal, un agente de la autoridad nunca puede insultar a un colectivo ciudadano que también paga impuestos y al que, por tanto, debe servir y proteger. Y la segunda: abuchear un himno puede ser una falta de respeto a un símbolo, pero también puede ser una protesta cívica y pacífica en un contexto político excepcional.

Para eso el SUP debería cambiar el tercer verbo de la divisa y dejarla en “servir, proteger y comprender”. Pero me temo que sería mucho pedirle.

Otra víctima

Parece que Gonzalo Higuaín acabará aterrizando en el Arsenal después de un final de etapa más bien frio y desangelado en el Real Madrid. El Pipita es un jugador querido por la parroquia blanca, que valora su entrega y su nervio, en contraste con las formas más bien apáticas de Karim Benzemá. Higuaín puede exhibir mejores estadísticas que el francés pero, por desgracia para él, no fue un fichaje personal del Todopoderoso. Florentino, una vez más, ha dictado su ley.

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En esta ciénaga burbujeante que es España uno ya no sabe si las manchas se las hace cada cual o son salpicaduras provocadas por el chapoteo generalizado. El episodio de la fiscalía pisando los talones a Messi llega en plena apoteosis de desconfianza en todo el sistema.

Desconfianza de todo el mundo salvo de la prensa de la capital y de algunos prebostes del madridismo, que gracias a Messi han caído del caballo como Saulo, en un arrebato de fe súbita en el sistema judicial español.

“Va a ser difícil que Messi regatee esta querella”, escribía un iluminado emborronacuartillas de la sección de opinión del diario ABC después de imputar, instruir, juzgar y dictar sentencia él solito.

El mismo día, el diario El Mundo -que todavía nos debe una explicación de dónde sacó el informe policial fantasma sobre Mas que publicó en plena campaña de las autonómicas- abría su edición con este titular a cuatro columnas: “Messi ensucia su imagen al hacer trampas para evadir impuestos”. Toma ya. Pedro J. manda de un plumazo los fundamentos jurídicos del Estado de Derecho a freír espárragos.

La cosa se quedaría en mera lección de ética periodística si no fuera por el pequeño detalle de que en los últimos meses han desfilado en las portadas de estos mismos diarios nombres irrelevantes como la infanta Elena, Luis Bárcenas, Ana Mato, José Antonio Griñán, José Blanco o el sagaz presidente del Senado, que dijo desconocer que había que declarar ante Hacienda los ingresos. Con ninguno de ellos se ha especulado tanto como con Messi con su posible ingreso en prisión.

Si Messi ha hecho algo mal o ha dado consentimiento a su entorno para que lo haga, que pague. Como todos. Pero que una sociedad con los cimientos y el armazón entero carcomidos por la corrupción y la falta de referencias éticas eleve un dedo acusador contra Messi cuando la justicia ni tan siquiera ha empezado a funcionar provoca, cuando menos, un profundo asco.

Mucho golfo con camiseta blanca se cree con derecho a enfundarse una toga negra. Que no nos confundan.

“¡Es que soy del Madrid!”

“Joeeee, ¡es que soy del Madrid!” fue la respuesta del fiscal de urbanismo cuando, en el año 2000, Matilde Fernández, expresidenta del grupo socialista en el ayuntamiento de Madrid, le puso encima de la mesa toda la documentación para que actuara contra Florentino Pérez por la recalificación de los terrenos de la ciudad deportiva. Un dato: el fiscal se llamaba Mariano Fernández Bermejo, y más tarde fue ministro de Justicia con Zapatero. Y otro dato: el asunto quedó, judicialmente, en agua de borrajas.

segunda equipación

Me suelo divertir en la capital con las furibundas reacciones ante noticias que, sobre el papel, parecía que no iban a motivar más que deshilachados comentarios de mesa camilla. Aquí se han desatado auténticos vendavales de indignación a partir de algo aparentemente tan inofensivo como la segunda equipación del FC Barcelona.

Una compañera de trabajo se me acerca por la mañana blandiendo un periódico de Madrid donde aparece, en portada, la foto de la presentación de la nueva camiseta con los colores de la bandera catalana –no ‘senyera’, porque como dice Quim Monzó llamarla así es rebajarla a la categoría de mero estandarte sin auténtico peso institucional.

La compañera, que hasta el momento no había evidenciado ningún ramalazo anticatalán, se despacha en tono cortante: “¿Y ahora esto? Ya os vale. ¡Y cuántas veces dijeron estos dos –los presidentes Mas y Rosell– la palabra ‘país’! ¿Por qué tanto?, ¿para metéroslo en la cabeza? ¡País, país, país, venga país!”.

La miro, atónito. Aunque después de tanto tiempo a orillas del Manzanares ya debería estar uno entrenado a capear este tipo de diatribas, a veces se producen de forma tan inopinada que resultan altamente desconcertantes. “¿Te molesta?”, he atinado a preguntar. Se ha alejado sin dar respuesta a mi sincera inquietud sociopolítica.

En la inauguración de un restaurante, cometo el error de enfrascarme en una tertulia política con un invitado que se presenta de forma inquietante: “Yo suelo viajar mucho a Cataluña y quiero mucho a esa región”. Dicha afirmación suele ser la antesala de una rabiosa andanada.

Efectivamente, el puyazo no tarda en llegar: “El ‘derecho a decidir’ ese ofende a mi sensibilidad”. Y los exabruptos que siguen no concuerdan mucho con su supuesta sensibilidad a flor de piel. A él no ha hecho falta preguntarle si le molestaba, era evidente que sí.

No sé si son hechos aislados o indicios de que, por fin, hemos empezado un camino que realmente preocupa en Madrid. Y no me refiero ahora al fichaje de Neymar.

Sólo queda Arbeloa

El mourinhismo ya sólo quedan un eco lejano y el salmantino Arbeloa. Conviene acordarse de aquellos broncos partidos en los que, en la zona mixta, comparecían los jugadores madridistas como una jauría a vocear las consignas de su entrenador. Aquellas ofensivas en tropel han dejado ahora paso a un incómodo silencio puntuado con discretas críticas al ya ex entrenador. Solamente el lateral blanco ha salido en defensa del portugués, desmarcándose del acomodo masivo de sus compañeros a los nuevos tiempos. No sé si sabrá que Mourinho nunca habría hecho lo mismo por él.

Publicado en El Mundo Deportivo (08-06-13)
en twitter: @carlestorras

Oscar Campillo, director del Diario Marca desde 2011

Oscar Campillo, director del Diario Marca desde 2011

Qué tiempos aquellos en los que a Florentino le bastaba con enarcar una ceja para que un ejército de periodistas de Madrid se esforzaran en acompasar su ética periodística con el tam tam proveniente de las oficinas de Concha Espina.

Las cosas hace un tiempo que empezaron a cambiar, pero en este fundido a negro que estamos viviendo de la era Mourinho – qué final tan lánguido y melifluo, con lo que él ha sido- a Florentino se le multiplican los respondones.

El primer golpe mortal al florentinato mediático lo asestó Pedro J. al sentar en el banquillo al director del diario Marca, en 2011. La salida de Eduardo Inda del terreno de juego y la incorporación de Óscar Campillo, un periodista de los que van a cubrir una guerra y se olvidan del chaleco antibalas en el hotel, significó el inicio de una tormentosa etapa en las relaciones entre Marca y el club blanco. Algunas portadas empezaron a cuestionar los métodos entre castrenses y circenses de Mourinho.

El diario AS ha sido el último en sumarse a las honras fúnebres por la Central Lechera. Su director, Alfredo Relaño, ha relatado esta semana en su columna -la misma que alumbró el término ‘villarato’- una refriega entre Florentino y un reportero de Onda Cero. Según parece, al periodista se le ocurrió contar en antena que el empresario había escuchado algún abucheo durante un partido del Castilla. Florentino le buscó, “le acusó de mentir y aseguró que hablaría con su jefe”. Un clásico de la censura caciquil expresado de forma tan burda que hubiera incomodado a Santiago Bernabéu. A quién se lo ocurre, en unas épocas en las que ni un príncipe se salva de una buena bronca en el mismísimo Liceu.

Los nombres de entrenadores y de jugadores a incorporar en la casa blanca se suceden en la prensa deportiva de Madrid sin aparente orden ni concierto. Lo único que parece seguro es que Florentino accederá a un nuevo mandato, a menos que algún aspirante a candidato le dé la vuelta a susbolsillos y sume 75 millones de euros. Nada, calderilla.

Este es, ahora mismo, el único proyecto de futuro del más importante club de fútbol del siglo XX: más Florentino, menos democracia interna e ir a tortas con su coro mediático. Vamos, la mejor receta para el éxito.

Publicado en El Mundo Deportivo (02-06-2013)
En twitter: @carlestorras

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¿Ven ese señor que corre, con una caja de cartón bajo el brazo? Es Florentino Pérez, que acaba de engañar a su parroquia, una vez más, con el juego de la bolita de papel y las tres cáscaras de nuez. Qué arte tiene para el juego de manos, la maniobra de distracción y el fuego de artificio: es un auténtico Houdini para zafarse de los peores marrones.

La jugada que tiene prevista ahora consiste en convocar elecciones y no tener ni que celebrarlas. Qué engorroso trámite, la consulta al socio en una entidad donde se suele oir, sin que nadie sienta el más leve cosquilleo en la conciencia democrática, que “más vale el consenso institucional que la confrontación electoral”.

Y lo conseguirá. Nunca dejará de maravillarme la capacidad que hay en Madrid de, pese a lo adverso de la situación que se atraviese, seguir caminando con la vista puesta en el futuro. Dicho así puede parecer una virtud, pero la memoria de pez tiene un pequeño inconveniente para quien la padece: que le hará tropezar con la misma piedra una y otra vez, hasta el infinito.

Y Florentino se aprovecha de ello. Cuando propuso la recalificación de los terrenos de la Ciudad Deportiva, tuvo el inmediato respaldo de la mayoría absoluta popular en el ayuntamiento. Pero no tuvo suficiente. Intentó conseguir el consenso de todas las fuerzas. Y sólo le falló la portavoz del PSOE, Matilde Fernández, que se mantuvo firme ante las acometidas del empresario y de sus propios jefes del partido, declaradamente madridistas y florentinistas.

Florentino no es hombre de mayorías, sino de apoyos a la búlgara. Porque no quiere incómodas preguntas ni inoportunas críticas. Por ello hay muy pocos periodistas que se hayan atrevido a pedirle explicaciones a él después de la marcha de Mou. Aquí no se mueve ni el tato. Y la máquina sigue avanzando. Sin rumbo ni objetivo claro, pero avanzando.

Con K de Kleenex

Karanka se escribe con K, de Kleenex. Casualmente, como esos pañuelos de usar y tirar, que es lo que ha hecho José Mourinho con su hombre de confianza en el Madrid. A pesar de haberle prometido que se lo llevaría -¿como mascota del clan portugués?-, le ha comunicado ahora que no cuenta con él en el Chelsea. Qué raro, si el portugués ha sido siempre un hombre de honor. Por suerte para Karanka, Florentino ha salido al rescate y le ha ofrecido un cargo en el club. No descarten ustedes que les pique la entrada si algún dia se pasan por el Bernabéu.

Publicado en El Mundo Deportivo (25-05-13)

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No todos los españoles están en contra de que los catalanes puedan expresar en las urnas, libremente, cuál debería ser su futura relación con el reino de España: entre las generaciones jóvenes, de entre 20 y 30 años, encuentro en Madrid respeto por las reivindicaciones catalanas.

No todos los madrileños están de acuerdo con lo que dice Telemadrid, que en un informativo compara el lenguaje de Mas y Junqueras con el de Hitler y Stalin. De hecho, la gran mayoría de los madrileños ni ve esa cadena: su audiencia media diaria suele rondar, con suerte, el 4 % de share. Es decir, que de cien madrileños que ven la tele, 96 prefieren otras cadenas menos rupestres.

De la misma manera, no todos los madridistas han descubierto a Mourinho cuando el portugués ha decidido orientar el ventilador de las heces hacia su propia parroquia. Antes de recibir la ducha de realidad –por decirlo finamente- que han sido sus últimas dos ruedas de prensa, muchos merengues renegaban ya de su maquiavelismo de vía estrecha.

Ahora falta saber qué opinan la mayoría de madridistas sobre la gestión de Florentino Pérez, que al final es quien rendirá cuentas ante el socio. En las elecciones sabremos si la masa social blanca acepta haberse convertido en un club empequeñecido por la obsesión hacia el rival, desprestigiado deportiva y socialmente en Europa y relegado al rincón más polvoriento y apolillado del museo del fútbol.

Sin ir más lejos, parece que la única salida a la crisis que ha pergeñado de momento Florentino es interponerse entre Neymar y el Barça.

La política institucional del club está tan deteriorada que ha sido un jugador, Sergio Ramos, quien ha tenido que pedir públicamente concordia interna a una semana de la final de la Copa del Rey.

Cómo habrá sido de encarnizado el combate fratricida que el agreste Pepe ha quedado en un rincón, lloroso, lamiéndose las heridas.

Culebrón Di Stefano

El astro argentino vive en el ocaso de su vida las tensiones familiares por el control de su fortuna. Los hijos han acusado al Real Madrid de maltratar al presidente de honor del club, que es lo que le faltaba escuchar a Florentino. En cambio, Don Alfredo parece no estar pasándolo nada mal al lado de Gina, su secretaria medio siglo más joven que él, con la que ha mostrado intención de casarse. Alguna fuente apunta que la costarricense habría huido al extranjero, añadiendo más salsa al culebrón. Di Stefano, de carácter tormentoso, parece que quiere vivir apasionadamente la vida hasta sus últimas consecuencias.